Aedes aegypti, el insecto transmisor de males históricos en Yucatán

Beatriz Repetto Tió, Centro INAH-Yucatán

Zika, Dengue, Chikungunya y Fiebre Amarilla, son los nombres con los que se designan cuatro males originarios del Continente Africano, que son trasmitidos al hombre por el A. aegyptis. Puede decirse en general, que esos males presentan una sintomatología más o menos semejante: Al Zika lo caracteriza la fiebre, el dolor de cabeza, la inflamación en las articulaciones, el dolor muscular y una sensación de debilidad. Pueden presentarse vómitos, dolor abdominal, diarrea y pérdida del apetito, así como erupción cutánea y edema de las extremidades inferiores. El virus se identificó por primera vez en un mono en Uganda, en 1947, los análisis serológicos corroboraron la transmisión del mal a seres humanos en Tanzania y Uganda en 1952 y en 1968 se aisló el virus con muestras procedentes de habitantes de Nigeria.
El Dengue o “fiebre rompe huesos” se describe en el Manual Merck (1974: pág. 70-71) como una enfermedad aguda que se inicia súbitamente con dolor de cabeza, fiebre, postración, dolores articulares y musculares, junto con una erupción que aparece simultáneamente con un segundo aumento de la temperatura, tras un periodo afebril. A la fiebre, la erupción y el dolor de cabeza se les denominan “tríada del dengue” y son comunes las manifestaciones hemorrágicas. Estos síntomas persisten de dos a cuatro días, seguidos de un periodo afebril, con sudoración profusa y una sensación de bienestar que dura 24 horas, apareciendo un día después un segundo aumento rápido de la temperatura. Junto con esto se presenta una erupción característica sobre las extremidades, quedando después afectado todo el cuerpo. Las manos y pies pueden tener un color rojo brillante y estar edematosos.
En cuanto al Chikungunya, puede decirse que fue identificado por primera vez en 1952 en Tanzania y que el nombre procede del idioma makondo, hablado al sur de Tanzania, significando “doblarse o retorcerse”. El virus, también se transmite por el A. aegypti o el A. albopictus, habiéndose encontrado tanto en animales como en los seres humanos. Estos insectos lo adquieren al alimentarse con la sangre de humanos infectados. La enfermedad se inicia con fiebre, que pude ser superior a los 40 grados y durar hasta 10 días, a la que le sigue la aparición de un eritema y fuertes dolores articulares en muñecas, tobillos, manos, pies, hombros, codos y rodillas, con una duración de unos 5 días, pero que en algunos casos puede prolongarse por meses. Otros síntomas también pueden ser fatiga y dolor de cabeza, conjuntivitis o problemas digestivos, pudiendo haber dolores abdominales, nauseas, vómitos o diarreas. Ésta en muy contadas ocasiones ocasiona hemorragias, y la mortalidad, que es de 0.4% en menores, aumenta entre las personas mayores al 10 y al 12%.
Con respecto a la Fiebre Amarilla o “vómito negro”, se dice que presenta un periodo de incubación de 3 a 6 días, en el que faltan los síntomas prodrómicos, y un periodo de invasión de 2 a 5 días. Inicia en forma súbita con fiebre de 39°, asociada con escalofríos, ojos inyectados, encías congestionadas y lengua roja punteada. Son frecuentes las náuseas, los vómitos y el estreñimiento. Otros síntomas son: dolores musculares, postración grave, dolor de cabeza, inquietud e irritabilidad. Durante el periodo crítico la temperatura aumenta y se desarrolla bradicardia. Aparecen entonces tres rasgos característicos: Ictericia, albuminuria extrema y hematemesis o vomito negro. Puede haber oliguria o anuria. Aparecen petequias y se presentan hemorragias en las membranas mucosas. El enfermo se encuentra obnubilado, confuso y apático. Es manifestación terminal común el delirio, las convulsiones y el coma. El periodo de convalecencia suele ser breve, excepto en los casos más graves (M. Merck: págs. 68-69).
En la península de Yucatán la primera descripción sobre la fiebre amarilla, registrada históricamente en el siglo XVII, se debe a Diego López de Cogolludo (1955: 376), quien en el vol. III de su obra la describe diciendo: que en 1648, hacia el mes de julio se presentó una de las peores epidemias en la villa de Campeche y que para evitar la propagación del mal se previnieron los caminos. Que en agosto, se reconoció que el mal era una “peste” o epidemia, que atacó con rapidez y violencia a niños y adultos, así como a ricos y a pobres y en menos de ocho días casi todos los pobladores de la ciudad de Mérida también se enfermaron, muriendo muchos de los de más renombre y autoridad .
Dice el Cronista que la enfermedad no presentaba los mismos síntomas en todos y refiere que lo más común era “Un gravísimo e intenso dolor de cabeza y de todos los huesos; al poco rato daba calentura vehementísima que ocasionaba delirios. Seguíanse unos vómitos de sangre, y de estos muy pocos quedaron vivos. A otros daba flujo de vientre de humor colérico, que corrompido ocasionaba disentería sin vómitos”.
Al decir de López de Cogolludo, “fueron muchísimos los que no pasaron del tercer día, los más murieron entrados en el quinto, y muy pocos los que llegaron al sexto, si no fue los que quedaron vivos, y de éstos, los más fueron los de edad mayor. A los mancebos mapas robustos y saludables fue a los que dio con más violencia y acabo la vida más presto. En las casas de muy grandes familias apenas había quien socorriese a los enfermos. La tribulación de la ciudad fue tan grande que dejó de hacerse la señal cuando salía el Santísimo Sacramento para los enfermos…” (López de Cogolludo. 1955:376).
La epidemia duro dos años y los vecinos que salieron de Mérida huyendo de ella, al regresar se enfermaron, muriendo muchos de ellos de esa manera. Al decir del cronista, “Raro fue el que en esos dos años estuvo en esta tierra, que no se enfermase o muriese de recaída… Después de salvarse del primer ataque todos quedaban pálidos y sin cabello, con las cejas peladas y tan quebrantados que aunque hubiesen tenido dos días la calentura, no podían recobrar las fuerzas”.
En el Capítulo XII del Libro Tercero, López de Cogolludo refiere las calamidades que padeció Yucatán desde el año de 1648. Las enumera señalando que por el mes de marzo se vio el sol como eclipsado y el aire tan espeso que parecía niebla o humo, por lo que se oscurecía la luz de los rayos solares. Tan general fue en toda la tierra que los indios viejos dijeron que era señal de gran mortandad para la gente que habitaba del país a Tabasco. Poco después en Mérida, por las tardes cuando soplaba el viento de la costa, se sentía una peste de tal intensidad que apenas se podía soportar; nadie entendía de donde procedía hasta que un barco de España varó en una montaña de peces muertos cercanos a la orilla del mar, cuya resaca los echaba a la tierra.
El relato continua señalando que durante el mes de abril y mayo se vieron algunas muertes repentinas y por el mismo tiempo hubo incendios en las casas de los barrios, especialmente en el de Santa Lucía y Santa Ana. Entrando el mes de Junio se manifestó el inicio de la peste en la Villa de Campeche y fue tan agudo que en pocos días se extendió, dejándola totalmente asolada. A la ciudad de Mérida llegaban noticias sobre las desdichas que ocurrían en la ciudad vecina, por lo que los caminos de Campeche se previnieron, por temor al contagio. Con ese temor pasó el mes de julio, aunque terminando comenzaron a enfermar algunas personas que murieron en poco tiempo, pero no se supo que se trataba de la peste hasta entrando el mes de agosto y en menos de ocho días casi toda la ciudad se enfermó a un tiempo. Fue entonces cuando por decreto del Cabildo, se pidió al padre provincial que diera licencia para que la imagen de Nuestra Señora de Izamal fuera llevada a Mérida.
Todos los pueblos de la Costa salieron y la acompañaron y los moradores de Izamal tuvieron gran desconsuelo por pensar que una vez en la ciudad iban a querer quedarse con la imagen de la Virgen. Finalmente salió de Izamal la Virgen, acompañada de un gran gentío con muchas velas de cera, llevada en hombros por los fieles.
En memoria del suceso el cabildo secular expidió un decreto para que la Virgen suplicara a Dios Nuestro Señor que amainara su ira y alzara la mano de tantas muertes como había en la ciudad, pues apenas quedaban personas y cada día iban muriendo más, para que los admitiera y fuera su patrona y abogada por siempre, prometiendo obligarse a celebrar como cada año su fiesta el 15 de agosto, día de su gloriosa asunción, a perpetuidad.
Cumplido el término de los nueve días fue llevada la imagen de nuevo a su templo, acompañándola el alcalde de primer voto y se puso en Izamal en su sagrario. Agrega el cronista que a los indios de Izamal que acompañaron a la imagen en el camino a Mérida, se les pego el contagio de la peste y a los pocos días de llegar a Izamal fallecieron. Algunos religiosos cercanos a la comarca del convento de Izamal, que la acompañaron de ida y vuelta, resultaron también contagiados, muriendo los que parecían más sanos y robustos.
En el capítulo XIV comenta López de Cogolludo que otro hecho digno de referirse fue que la enfermedad apareció en Campeche por los meses de junio y julio, y repentinamente dio un saldo a la ciudad de Mérida, sin pasar por los lugares intermedios. Después de mediados de septiembre enfermó la Villa de Valladolid, quedando los poblados intermedios sin ser afectados. Mientras duró la enfermedad en los españoles, no se enfermaron los nativos, lo que ocasionó que dijesen que el achaque era castigo de Dios, pues solamente se enfermaban en la ciudad y en las villas, por los malos tratamientos que les hacían. Unos pocos días después de lo que se dijo, se presentó la misma enfermedad en muchos pueblos, haciendo horrible estrago entre todos los pobladores. Duró la enfermedad en toda la tierra por espacio de dos años y muchos españoles que salieron de Mérida hacia los pueblos, al volver después de un año sin haber tenido la enfermedad, les daba y murieron de ese modo no pocos.
Por el mismo año en que comenzó la peste, un aire pestilente secó todos los pinos crecidos y grandes, por lo que había una gran cantidad caída por los caminos, quedando vivos solo los pinos nuevos pequeños, por lo que López de Cogolludo hizo la comparación de ese hecho con la circunstancia de que entre los muchachos de poca edad a quienes dio la peste, fueron muy pocos los que murieron, en comparación con la gente de edad más crecida.
El surgimiento de muchas enfermedades transmitidas al hombre por su convivencia con los animales y sus huéspedes a lo largo de siglos de compartir el mismo entorno, se atribuyó en el pasado a la ira de los dioses provocada por los pecados del pueblo, o a las faltas cometidas por sus gobernantes. El libro del Éxodo da inicio a la historia del pueblo de Dios, que en Egipto, con el paso del tiempo se había multiplicado a tal grado, que el faraón temiendo que se aliara con sus enemigos los esclavizó, negándose a permitir que el pueblo saliera al desierto para la celebración de una fiesta religiosa. Moisés se presentó entonces en dos ocasiones ante el faraón y debido a su renuencia, en la segunda vez le anuncia que las aguas del Nilo se convertirían en sangre, los peces morirían, el río apestaría y el pueblo tendría asco de beber agua. Cómo el faraón no hace caso, llega el castigo y regresa Moisés nuevamente ante él y lo amenaza con la plagas. La tercera plaga consistió en cientos de mosquitos que perseguían a los hombres y a los animales. Todo el polvo de la tierra se volvió mosquitos y estos cubrieron todo el país de Egipto. La quinta plaga fue la peste entre todos los animales; la octava las langostas que cubrieron la superficie del país y devoraron lo que no destruyó el granizo, y por ultimo después de las tinieblas, sobrevino la muerte de todos los primogénitos (Éxodo: pág. 94-100).
Un segundo relato sobre los males provocados al pueblo por la mala conducta de un rey, se encuentra en el libro de Samuel, en éste se relata que Yahvé dirigió a Gad, profeta del rey, las siguientes palabras: “Ve a decir a David lo siguiente de mi parte, te propongo tres cosas y yo haré que caiga sobre ti la que tu elijas. Quieres que le pueblo sufra hambres durante tres años, prefieres huir de tus enemigos durante tres meses, o que el país sea asolado por la peste durante tres días.” David decidió entonces ponerse en manos de Dios, confiando en su gran misericordia y escogió la peste. Era el tiempo de la cosecha del trigo y Yahvé envió la peste. Desde Dan hasta Bersebá murieron setenta mil hombres (pág.297).
Durante la Edad Media, “la peste negra” que diezmó a las poblaciones de Europa fue explicada también como castigo divino. Tal vez no es coincidencia la aparición de las distintas plagas al mismo tiempo que la escases de alimentos y la hambruna, colaborando en conjunto al exterminio masivo de poblaciones, hacinadas en ciudades por el incremento demográfico y el trasiego continuo de seres humanos que se trasladaban de una región a otra, cercanas o distantes, en busca de recursos.
La presencia de los mosquitos se encuentra registrada en algunos documentos de la antigüedad, ya que no solo son molestos cuando proliferan sino que además se encuentran en todo el mundo. Aparentemente las referencias escritas más antiguas en las que se les menciona son las de Aristóteles, quien los llama “empis”, señalando que tenían una fase terrestre y otra acuática y que se originaban por “generación espontánea” en los líquidos putrefactos.
Durante el siglo XVII se llevaron a cabo observaciones más cuidadosas sobre las características de ese grupo, que pertenece al orden de los dípteros y a la familia culicidae, que se ha adaptado y habita en muchas partes del mundo. Sin embargo, el medio en el que mejor se desarrolla es en el de las zonas tropicales y sub-tropicales. Las hembras del Aedes aegypti solo necesitan ser inseminadas una sola vez para que todos sus huevos sean fértiles y ponen huevos unas cinco o seis veces durante su corta vida, que es de dos semanas a cuatro, llegando a producir de doscientos a cuatrocientos huevos. Durante su desarrollo los moscos pasan por cuatro fases: huevo, larva, pupa y adulto. Los huevos depositados en agua brotan en dos días, durante la fase de larva se alimentan cerca de siete días, y en la fase de pupa no se alimentan y emergen a los dos o tres días, es decir, en doce días pueden brotar de doscientos a cuatrocientos moscos por hembra, pero si la temperatura es baja eso ocurre hasta después de tres semanas.
El grupo cuenta con unas 400 especies, aunque solamente unas 40 son las que transmiten los parásitos que causan enfermedades que pueden llegar a ser graves entre los humanos. Se sabe también que el mosquito haemagogus, junto con otras variedades selváticas, transmisoras de la llamada “fiebre amarilla de la jungla”, ha sido causante de epizootias entre las poblaciones de monos.
Hasta la Edad Moderna es que comienza a identificarse el origen o causa de los males que fueron flagelo de la humanidad por muchos siglos. Las pulgas de las ratas, las aguas contaminadas por el fecalismo al aire libre, las bacterias transmitidas por los contactos cercanos y el hecho del carácter geográfico y climático asociado a los males asentados en regiones propicias para el desarrollo de éstos, ayudando a su descubrimiento el invento del microscopio. El origen de una de las enfermedades mencionadas al inicio de esta exposición es decir, la fiebre amarilla, presente en Yucatán y las Antillas en el siglo XVI, fue descubierto hasta principios del siglo XX, por el médico cubano Carlos Finley y Barres, quien investigó y descubrió que el transmisor de la fiebre amarilla era un mosquito identificado como Aedes aegypti.
La Historia de Yucatán de Molina Solís (publicada en 1910), consigna que en el transcurso de la segunda mitad del siglo XVII, durante el período en el que gobernaron alternativamente Don Roque Soberanis y Centeno (1693) y Don Martin de Urzúa y Arismendi (1695), se iniciaron los trabajos para abrir un camino hacia el Peten Itzá y concluir la conquista en esa aislada región, que servía de refugio a los mayas rebeldes que huían del dominio español.
En 1669 Don Martín de Urzúa salió de Campeche rumbo al Itzá, a la cabeza de la cuarta expedición. Aparentemente el invierno recrudeció las enfermedades en la avanzadas y la gente fue atacada de fiebre amarilla. Refiere Molina Solís que al regresar Urzúa a Campeche “llevo consigo de nuevo a Yucatán la fiebre amarilla”, de la cual cayó víctima Don Roque Soberanis, su enemigo político, quien murió en Mérida, dejándole el campo libre a Urzúa.
Un estudio realizado durante la última década del siglo XX, enfocado en el análisis de los libros parroquiales del pueblo de Maxcanú, comunidad de origen prehispánico situada sobre el camino real que unía a las villas de Mérida y Campeche, permitió documentar que en un lapso de 74 años a partir de 1682, se presentaron seis crisis
Después de haberse establecido las cifras normales de defunción anual, los años en los cuales se presentó el mayor número de muertes fueron: 1692, 1693, 1699, 1709, 1718, 1726-1727 y 1730. La suma de las cifras de difuntos que fallecieron durante esos episodios representa el 29% de la mortalidad total registrada durante esos años.
Además, fue posible determinar que la primera gran crisis de bajas de población ocurrida durante 1692-1693, confirmada una cita de Molina Solís en la que registra que en 1692 un ciclón alcanzó a Yucatán, causando la pérdida de las cosechas, lo que aunado a una plaga de langostas que se presentó causó una hambruna generalizada. Por otra parte, la situación de los pobladores de esa región se empeoró a causa de una epidemia que el autor califica de “fiebres palúdicas”.
El registro de defunciones correspondiente al año de 1699 señala que entre octubre y diciembre se presentaron 33 decesos en la población, cuyas cifra de bajas establecida para los años “normales” era de 12 a 20 individuos por año. Este segundo episodio crítico también permitió relacionar los datos parroquiales con el registro histórico de Molina Solís, en el que relata que durante el invierno de 1699la avanzada de don Martin de Urzúa en el Peten Itzá fue atacada de fiebre amarilla, por lo que se les ordenó regresar a la capital. Molina refiere que, “al regresar Urzúa a Campeche, llevó consigo de nuevo a Yucatán la fiebre amarilla”.
Según Góngora Bianchi ( 2014), la fiebre amarilla logró erradicarse en todo México en 1924, aunque aparentemente no ocurrió lo mismo con el paludismo, que siguió presentándose en forma endémicas hasta mediados del siglo XX. La fumigación sistemática y generalizada con DDT logró acabar con este flagelo de la población yucateca, declarándose finalmente el estado libre de paludismo. Sin embargo, el exceso de confianza por parte de las autoridades sanitarias posteriores, dio lugar a que a finales de la década de los sesenta volviera aparecer en el estado el dengue, que comenzó a presentarse en forma periódica, hasta llegar a la época actual, en la que han hecho su aparición otros dos padecimientos también de origen africano, que son la Chikungunya y más recientemente el Zika, procedente del mismo continente africano. (Datos publicados por el Diario de Yucatán, martes 8 de Dic. 2015).
Como medidas de control para evitar la introducción e incidencia de esos males, especialmente la fiebre amarilla, el Manual Merck (1974,:cap 2, pág. 69) recomienda a las autoridades responsables de la salud pública: 1) la cuarentena marítima para prevenir su introducción desde los barcos; 2) la cuarentena aérea que toma en consideración la velocidad con que podría pasar de un área a otra, exigiendo que los aeropuertos y su entorno estén libres del A. aegypty, 3) la destrucción de las zonas de criadero del A. aegypti 4) el aislamiento de las personas sospechosas y de los pacientes durante los 4 primeros días de fiebre, en habitaciones aisladas, sometidas de preferencia a la pulverización de insecticidas con acción residual y 5) la vacunación de los viajeros que arriban a áreas endémicas con virus atenuados de fiebre amarilla.
Curiosamente, a pesar de que el A. aegypti es el transmisor de los cuatro males aquí mencionados y de que éste ha proliferado en forma notable en su hábitat natural, siendo la causa de la reaparición en las zonas tropicales mexicanas de los antiguos males que ya habían sido erradicados, las autoridades de salud no han hecho mención alguna sobre la posibilidad de casos de fiebre amarilla en el territorio nacional. La pregunta final es, ¿En la actualidad ya se han registrado casos de fiebre amarilla, pero la información no circula? Porque eso, sería catastrófico.

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