AL KAAJ/PUEBLO DE ORIGEN: DADOR DE VIDA E IDENTIDAD. EL CASO DE USPIBIL EN EL ORIENTE DE YUCATÁN

Alejandro Cabrera Valenzuela, Jorge Luis Gómez Guzmán
Centro INAH-Yucatán


INTRODUCCIÓN

El plan de exposición de la información se organiza de la siguiente manera: en primer lugar se esclarece el papel de las rejolladas o kʼoʼop(en singular), en lengua maya, en tanto geoformaciones propias del suelo karst, las que en épocas pasadas, las comunidades mayas les han dado diferentes usos; en un segundo apartado presentaremos la historia fundacional de la población de Uspibil, Chemax, a partir de la memoria histórica de sus pobladores, quienes reconocen a Yalcón, Valladolid como al kaaj pueblo o de origen, cuya traducción aproximada es “pueblo madre”. En el tercer apartado presentamos el panorama general de la situación en la que se encuentra esta población debido a la presencia de la actividad ecoturística, presente en la zona desde hace siete años (2010), aproximadamente, que de una u otra manera introduce factores de cambio sociocultural y en muchos casos, de uso y valorización de algunos elementos del medio ambiente, como lo son las rejolladas, los cenotes, las cuevas y porciones de la selva baja subcaducifolia. Se finaliza con algunas anotaciones a modo de reflexiones finales.
La información que se presenta ha sido documentada en trabajo de campo realizado en diversas temporadas de 2014 a la fecha, para el Proyecto Etnografía de las Regiones Indígenas de México en el Tercer Milenio, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH); periodo en el que se entrevistó a diversos pobladores de las localidades (Uspibil, Chechmil y Sisbicchen, en el municipio de Chemax, Yucatán), a especialistas rituales, entre ellos al jmeenque se encarga de conducir la entrega de ofrendas a las cruces (el que hace “rezo maya”, en palabras del rezador de la iglesia católica), a rezadores católicos y a trabajadores de los centros ecoturísticos.

LAS REJOLLADAS EN EL TIEMPO

Uno de los aspectos que caracterizan a la Península de Yucatán y en particular, al estado de Yucatán es la ausencia de corrientes superficiales de agua; esto, de acuerdo a los especialistas en la materia, debido a la composición calcárea del suelo y su alto índice de permeabilidad por lo que el agua pluvial drena hacia el mar siguiendo causes formados en el subsuelo; en este recorrido, tanto las corrientes de agua como las filtraciones a través de la roca producen un fenómeno geoquímico de disolución de la roca que permite la formación de dolinas o cenotes (tsʼonot en singular) y de depresiones de distintas dimensiones, a los que en maya yucateco se les conoce como kʼoʼopoʼob,kʼoomoʼobyensu forma castellanizada, rejolladas. En la Enciclopedia Yucatán en el tiempo, son definidas de la siguiente manera:
“…También llamadas joyas o rejollas, derivadas de hoyo u hondonadas. En maya se les conoce con los términos koʼopy kom,que significan: depresión o hundimiento del terreno. Son depresiones circulares con un diámetro casi nunca superior a los 30 m., un declive que se pronuncia de la periferia al centro, resultado del desplome de la bóveda de un cenote millones de años atrás, cuyo fondo se va rellenando con sedimentos arcillosos y tierra arrastrada por las lluvias, por lo que no almacena agua. Son áreas muy fértiles, tanto por la tierra de aluvión como por la proximidad de la capa freática para sembrar aguacate, mango, mamey, nance, anona, saramuyo, guanábana, entre otros cultivos. Son frecuentes en la porción centro-oriental del estado, específicamente en el área comprendida entre las localidades de Yaxcabá, Tunkas, Cenotillo, Calotmul, Tinum y Pisté” (Citado en Barrera Rubio, 2009: 28; Tomo V: 302)
En el Diccionario Maya (2007:412), kʼomse define como: “hoya, valle o barranco. Hondonada, ‘jolla’, rejollada, en muchas de estas depresiones o hundimientos del terreno se cultivan árboles frutales o plantas que requieren de cierta humedad y abrigo del viento, como plátanos”. kʼoʼopaparece como sinónimo de kʼom.En el diccionario Maya Popular no se maneja la palabra rejollada y en su lugar se maneja la palabra hondonada y se apunta que son sinónimos las voces kʼoʼopy kʼóom(Bastarrachea, 2004:143, 404). En la lengua maya que se habla actualmente en el oriente de Yucatán, los términos para referirse a diferentes tipos de rejolladas son kʼoʼopkʼóomy kʼóom luʼum.
El uso y aprovechamiento que, de las rejolladas han realizado las comunidades mayas, ha quedado registrado, en diversos tipos de fuentes de carácter históricos. En el primer capítulo del texto Estudios Etnológicos, Villa Rojas (1995) que trata de la tenencia de la tierra entre los mayas de la antigüedad, señala que las rejolladas u “hoyas” aparecen, en los relatos históricos que él utiliza, como lugares específicos que se reconocían dentro de los territorios de las provincias; así, apoyado en Cogolludo cita: “Las tierras eran comunes, y así entre los pueblos no había términos, o mojones, que las dividiesen, aunque sí entre una provincia y otra, por causa de las guerras, salvo algunas hoyas para sembrar árboles fructíferos y tierras, que hubiesen sido compradas por algún respeto de mejoría”.
El mismo Villa Rojas apoyado en Roys y Morley apunta que, las “hoyas” o rejolladas y aguadas servían también como “marcas naturales del terreno” para delimitar las tierras que correspondían a cada provincia. De igual modo, en el mismo texto comentado, se acota que dichas rejolladas eran trabajadas con “cacao, algodón, mamey y otras frutas” siendo estas plantaciones, pertenencia de gente de “la nobleza o de dinero”. Por último, Villa citando a Oviedo señala que el capitán Alonso Dávila a su llegada a Chetumal en 1531, mando que una de esas plantaciones fuese suya y se le señalase con una cruz.
En las Relaciones Histórico Geográficas como parte de la información presentada por los encomenderos, se hace mención de estos lugares referidos como “hoyas” (1983: 140, 216).
Los investigadores de la cultura maya prehispánica (Gallareta Negrón ,2007; Pérez Romero, José Alberto, 1988; González de la Mata, Rocío, 2006; Barrera Rubio, 2009; Huchim Herrera, José Guadalupe, 1991)1 y contemporánea, coinciden en señalar que, por lo general los asentamientos humanos se han establecido cerca de fuentes de agua seguras, esto es: cenotes, aguadas y kʼoʼopʼoʼob(rejolladas).Para darse una idea de la importancia de los cenotes, de los kʼoʼopy del kʼomen la fundación de los pueblos, basta con detenernos a revisar algunos de los topónimos de poblaciones contemporáneas ubicadas en el oriente del estado de Yucatán, por ejemplo: Chankom, Tekom, Xcalacop, Xcalakdzonot, Chikindzonot, Chan Yokdzonot, entre otros; en cuyas denominaciones contemplan el término kʼom,kʼoʼopo tsʼonot; aunque también es conveniente mencionar que muchos de los asentamiento poblacionales cuyos topónimos no hacen referencia a los cenotes o a cualquier depresión del suelo.
En el trabajo de Barrera (2009) “La cueva de Pool Balam” o La cueva de “cabeza de jaguar”, que en general trata de un contexto habitacional prehispánico, se menciona que en el sitio mencionado, se encontraron “pocitas labradas en la piedra” y “caritas”, que en el caso de Yucatán, se señala, “se han asociado en ocasiones a seres que se consideran habitan en las cuevas, como los “aluxes”, que el mismo autor señala como “característica de sitios con agua y donde se celebraban rituales relacionados con este elemento”.
Dicho autor propone que, “el significado de estos motivos deberá de asociarse con el pensamiento cosmogónico de los mayas en relación al agua y a la concepción de la cueva como entrada al inframundo”. Por su parte, González de la Mata considera que, cuevas y rejolladas “fueron de gran trascendencia para los Mayas prehispánicos y estaban incorporadas de manera relevante dentro de sus mitos y cosmología y en ellas se disponía de agua pura, “zuhuyha”, utilizada comúnmente en ceremonias especiales asociadas con la petición de lluvias y otros rituales, cotidianos y sagrados” (2006:305-306).

HISTORIA FUNDACIONAL DE USPIBIL

En Uspibil los primeros habitantes, en su afán de búsqueda de “monte alto” para cultivar sus sementeras, encontraron en el sitio en donde actualmente se encuentra el asentamiento, la fuente de agua necesaria para su vida, ubicada en el interior del kʼoʼopo rejollada de donde las familias extrajeron el agua que utilizaban en sus actividades.
La historia oral recopilada cuenta que, en la primera década del siglo pasado, los nojochmáakoʼobó “fundadores”, llegaron a las tierras que ocupan en la actualidad provenientes de Yalcón y de Bacab, del municipio de Valladolid. Cuentan que en estos tiempos tales tierras eran consideradas montes libres o baldíos2, una vez que se despoblaron durante la guerra de castas. Se comenta que durante la guerra mencionada ninguno de los campesinos de ese tiempo se aventuraba a internarse en territorio bajo control de las fuerzas mayas insurrectas, pues se mantenía el temor que los “sureños” o mayas macehualoʼob, los capturasen y los incorporaran a sus filas.

Al kaaj pueblo de origen o pueblo madre

Esta idea de pueblos al kaajoʼobse refiere al hecho que, probablemente entre 1910 y 1927, en oleadas sucesivas desde varias poblaciones del oriente Yucateco emigraron grupos reducidos de familias (generalmente emparentadas) en búsqueda de “montes altos para sembrar la milpa” y, lo hicieron internándose en los montes libres o baldíos que se despoblaron durante la Guerra de Castas.
Sobre dichas migraciones y de las cuales tenemos conocimiento, tienen como punto de partida los poblados de Dzitnup y Yalcón.
A principios del año 2000, se obtuvo información en campo, acerca del proceso de repoblamiento de las tierras localizadas al poniente de la población de Dzitnup; evento que dio inicio aproximadamente en 1910. Las historias orales recopiladas en las localidades de Chan Chichimila, XCocmil, Chikindzonot, Ekpetz, entre muchos otras poblaciones, refieren invariablemente, que los fundadores de sus pueblos partieron de Dzitnup y que se internaron en los conocidos en ese tiempo como “terrenos nacionales”, después de varios semanas de viaje encontraban sitios adecuados para asentarse, en algunos casos, el asentamiento se efectuó en terrenos de poblados abandonadas a causa de la guerra mencionada, tal es caso de Chikindzonot y Ekpetz en Yacatán y Tihosuco en Quintana Roo.
Este hecho es reconocido por los habitantes de Dzitnup, quienes se consideran como pueblo al kaaj o pueblo madre, que a su vez representan mediante una escultura en piedra que representa una gallina empollando, en donde la gallina representa a Dzitnup como al kaaj y los huevos a todos los pueblos a los que dio origen.
El mismo término, al kaaj, nos fue referido en la población de Uspibil en el 2015, para referirse a Yalcón, como pueblo de donde partieron los fundadores de la población.
En el diccionario maya Cordemex, el término al, es uno de los tres términos que se enumeran para hacer referencia a madre; en donde (Ah) al vale por: “1.- la parida y la que tiene hijos, ora sea mujer o bestia … y lo mismo se dice de gallinas, vacas, etc” (Barrera, 1980: 9). De allí que al en conjunción de la palabra kaaj o pueblo, puede traducirse como “pueblo madre”
Continuando con la fundación de Uspibil, se cuenta, que los antepasados de los actuales uspibenses, en su recorrido por los montes altos que se encuentran al nororiente de Yalcón, decidieron asentarse en el sitio en el que ahora se encuentra el pueblo debido a que encontraron una fuente de agua segura y el terreno circundante a tal fuente era apto para hacer la milpa. Como parte del proceso de fundación, los fundadores organizaron la ejecución de un ritual de territorialidad denominado loj kajtal o de petición de permiso a los Yumtsiloʼob,con el objetivo de delimitar el área que sería habitada y obtener la protección de cuatro balamoʼobo “guardianes de los pueblos”. Estos guardianes se les piensa ubicados, cada uno, en las esquinas del cuadrado imaginario que compone un asentamiento maya, y de un quinto balam en el centro de la población. Se agrega que en la cosmovisión de los mayas contemporáneos del oriente de Yucatán, la fundación o refundación de una población o rancho, implica el ritual del loojo de redención como lo traducen los especialistas rituales, tal y como han documentado Quintal y otros (2003 y 2013).
En Uspibil al quinto balamse le piensa en el lugar en el que se encuentran las cruces, al borde de la rejollada por lo que también se les denomina como kaanansayabo guardián del manantial; en otras poblaciones a tal cruz se le ubica a un costado del pozo central o en un oratorio construido cerca de la(s) vivienda(s), sea el caso de un rancho o de un pueblo.

Figura 1. La rejollada de Uspibil y las cruces de balam/kaanán sayab o guardianas del manantial.


Una vez fundado el pueblo de Uspibil, conforme a la matriz cosmogónica heredada de sus abuelos mayas, como hemos visto, el culto a las cruces ubicadas en las cuatro esquinas del espacio imaginario y las dos cruces del quinto balam, son sujetos de ofrendas desde el tiempo en que fueron dispuestas en esos lugares por los abuelos fundadores. En dicho ritual de lojkaajtal, se les ofrenda sakaʼ(bebida de maíz), balcheʼ(vino sagrado preparado con la corteza de un árbol del mismo nombre, mezclada con miel), noj wajoʼobo panes grandes de maíz horneados en piibu horno subterráneo y carne de aves guisadas en kool(caldo de pollo al cual se le agrega masa de maíz desleída y aderezado con achiote y otras especias). Los rezos, oraciones y presentación de las ofrendas por el jmeen son de suma importancia en este ritual.
En Uspibil, según datos del censo INEGI 2010, se registra una población total de 890 personas, de las cuales el 93% es católica y el 7% es “no católica”. De la población de 5 años y más, el 99% habla la lengua maya y de estos, el 39% es monolingüe y el 61% es bilingüe.

Yalcón/alkaaj: dador de vida e identidad

Las cruces de balam o kaanan sayab, ubicadas en el borde de la rejollada, también son consideradas como los uchbenpatronos o patronos antiguos y son identificados como San Lucas, la mayor y San Román, la menor, a quienes además se les llama “doctores” y se les considera “milagrosas”. Un habitante de la localidad nos comentó: “como antiguamente aquí no había iglesia, esos cruces fueron a los que la gente iba a pedir y quemar velas”.
Este aspecto consideramos es importante para entender la constitución de la identidad de los uspibenses, pues reconocen a las cruces como los “santos patronos antiguos” del poblado y les conceden mayor atención en la vida cotidiana que la que recibe el santo patrono del pueblo San Isidro labrador. A San Isidro, ubicado en el templo católico del pueblo, se le hace únicamente “rezos leídos”, según la opinión del jmeende la localidad, como para significar la escasa relevancia de las acciones ante su imagen. Es pertinente mencionar que San Isidro Labrador, llegó a Uspibil como regalo que una pareja de ancianos mestizos (en el sentido antropológico), dueños de un rancho cercano, le hizo a la población, una vez que veían cercana su muerte.
Algo que explica la mayor devoción a las cruces del oratorio se debe quizá a que San Lucas, es el Santo
patrón de Yalcón y como hemos venido citando, es el lugar de origen de quienes fundaron Uspibil; por ello que nombraron/reconocieron a una de las cruces de la rejollada con el nombre del mismo santo. En la tradición oral de Yalcon, hemos encontrado que antaño a ese santo, como parte de las festividades que en su honor se realizaban, se tenía por costumbre “bajarlo” de su nicho y conducirlo al cenote ubicado en la plaza central del pueblo para llevarlo a “bañar”. Como ya se comentó, La cruz de San Lucas, en Uspibil sigue teniendo la misma relación con el agua, con el manantial. Sobre San Román y su “presencia” en la cruz menor, aún no se ha encontrado relación alguna, aunque, etnográficamente se ha documentado por integrantes del equipo península de Yucatán, del programa de etnografía de las regiones indígenas de México, que en varias localidades del oriente de Yucatán, la Santa Cruz de San Román, es reconocida como, Santo patrón de pueblo, a saber, Hunukú, Chancenote; en otras se realizan en su honor novenas y celebraciones importantes.

Figura 2. Las cruces de San Lucas y San Román en el borde oriente de la rejollada de Uspibil.

La visita al oratorio de los santos doctores se realiza para rituales de aflicción, que tienen dos formas: a) la menos elaborada consiste en que el sujeto en aflicción acude al oratorio para “prender” sus velas, veladoras, “quemar” incienso, ofrecerles flores, rezarles novenas y hacer su petición; b).- la segunda es mucho más elaborada y forma parte del ritual denominado “acción de gracias” o “banquete”.
Este ritual tiene la finalidad de pedir a Dios Padre el restablecimiento de la salud o de mejorar la situación por la que atraviesa alguna familia o ya de agradecimiento.
Este “banquete”, que de manera particular un oferente realiza en su vivienda, es conducido por un jmeeno especialista ritual y se cuenta también con la colaboración de un rezador de la iglesia católica. Inicia a partir de las cuatro de la tarde, aproximadamente, continúa durante la noche y finaliza a las cuatro de la mañana del día siguiente. El ritual incluye en primer lugar, la ofrenda de sakaʼ,tanto en el altar de la vivienda como en el oratorio de las cruces; más tarde se ofrecen viandas en el altar familiar por parte del jmeeny en el oratorio de las cruces por parte de un rezador; los alimentos ofrendados son: atole de maíz, bebida de arroz, pan dulce con café y relleno negro (un tipo de guiso elaborado con chile quemado, carne de puerco y de pavo); la última ofrenda se presenta alrededor de las cuatro de la mañana. En este ritual, las ofrendas presentadas no se le hacen llegar al santo patrono “oficial”, San Isidro (no se le convida); esto se comentó, “no es parte de la costumbre”.

Figura 3.Trato ritual a las cruces de San Lucas y San Román en Viernes Santo.

El día 3 de mayo de cada año, día de la Santa Cruz, como en muchas poblaciones de la península, en el oratorio de las cruces se verifica gran asistencia de los pobladores del lugar, quienes acuden para visitar a las cruces, quemar velas y acompañar la “novena” que se realiza en su honor. El viernes santo es otro día importante en el que las cruces reciben atención de los devotos del lugar; este día se cubren desde temprana hora con ramas de limonaria, tal como se hace con los santos familiares en el hogar, el domingo de resurrección, acompañado de un rezo, las cruces son descubiertas, pues se menciona: “¡Cristo ha resucitado!”.
Las cruces también reciben ofrendas cuando el campesino maya hace su “primicia” de la primera cosecha de la milpa, momento en el que se ofrece varias mazorcas de elote, conocidas como “pibinal”, es decir, cocinadas en un horno subterráneo; en otros rituales agrícolas como el chʼa chaák o petición de lluvia, se les ofrece “primicia” o primeras porciones servidas y ofrendadas de sakaʼ, balcheʼnojwajoʼobo panes de maiz y carne de aves guisadas en kool.
Además de estas ofrendas recordemos que cuando se realiza el ritual del lojkajtal, se les entrega las ofrendas correspondientes.

Las ofrendas en cenotes y rejolladas en el marco del turismo de naturaleza

En las últimas dos décadas, aproximadamente, las empresas turísticas de la Península de Yucatán y del Caribe Mexicano en particular, desplegaron su creatividad con la intensión de incorporar nuevos “atractivos”, a los que hasta entonces venían ofreciendo. Imbuidos en la lógica del capital, consideraron que el modelo turístico de playas, sexo y alcohol, incluyendo las visitas a los sitios arqueológicos de Chichen Itza y Ek Balam, si bien no se había (ni se ha) agotado, era necesario adicionarle algo más, con la finalidad básica de atraer un mayor número de clientes y por consiguiente, de incrementar los niveles de ganancia. En correspondencia con lo anterior, los Planes de Desarrollo de los gobiernos de Yucatán y Quintana Roo (en sus diversas administraciones) le han conferido al fomento de la actividad turística un carácter estratégico, razón por la que han invertido grandes cantidades de recursos en la modernización de la infraestructura carretera y en el remozamiento urbano de determinadas ciudades medias.
Así las cosas, por supuesto retomando experiencias semejantes en otros sitios del territorio nacional e internacional, los empresarios turísticos pensaron en el “turismo de naturaleza”, tomando en cuenta las preferencias de cierto tipo de turistas de nivel internacional y nacional que, ansioso por nuevas experiencias, más allá del disfrute de las playas y otras actividades “recreativas” asociadas. De esta forma, los cenotes, cuevas y otros elementos de la geografía, incluyendo la selva de la península empezaron a tomar relevancia en los planes turísticos. Ahora, áreas geográficas que mantenían cierta presencia de vegetación, desdeñadas con anterioridad, se convirtieron en foco de atención de los empresarios turísticos, de manera particular, aquellas que se encontrasen cercanas a las rutas turísticas ya consolidadas.
Del turismo de naturaleza se transitó al turismo cultural cuyos antecedentes se encuentran en las representaciones teatrales que se caracterizaron por mezclar elementos culturales mayas con cierta suerte de exoticidad, puestas en escena en los llamados parques temáticos, como es el caso de Xcaret en el estado de Quintana Roo (ver Khafash y Fraga, 2012).

Ante la importancia económica que han adquirido los cenotes, las cuevas, las rejolladas y la selva circundante a estas formaciones geológicas, los pueblos mayas que en sus tierras ejidales cuentan con dichos formaciones han sido objeto de asedio por parte de empresarios o agentes compradores de tierras ejidales o privadas o ya bien han intentado incorporarse a esta actividad mediante la creación de proyectos ecoturísticos financiados y organizados por la Comisión Nacional para el Desarrollo de los pueblos Indígenas de México (CDI).
Es importante mencionar que la incorporación al mercado turístico de las formaciones geológicas que se viene mencionando, ocurre siguiendo las directrices que impone el capital, es decir: en primer lugar que se encuentren dentro de cierto radio en las cercanías del área de expansión de la actividad turística, área cuyos puntos referenciales son la Riviera Maya y Tulum-Sitio, los sitios arqueológicos de Ek Balam y Chichen Itza, en donde queda comprendida la ciudad de Valladolid, Yucatán, elevada a por las autoridades correspondientes a Ciudad Mágica. Esto se encuentra ligado con lo que se denomina “capacidad instalada”; en segundo lugar con el hecho de que los cenotes posean un atractivo vinculado a sus dimensiones, de tal forma que permitan incluir actividades como “rapeleo” y que las condiciones de su cuerpo de agua permita el buceo y la natación; además de que el sitio cuente con suficiente superficie para la instalación de infraestructura que permita el uso de la tirolesa, la práctica del senderismo, la contemplación de la naturaleza, entre otros. Este aspecto explica la razón por la que muchos cenotes o formaciones en el terreno no son del interés de las empresas turísticas, además de observarse la presencia de ciertas medidas precautorias que toman las empresas para no inmiscuirse en la adquisición o renta de ciertos espacios que les pueden generar conflicto con las poblaciones vecinas al sitio de interés.
La incorporación al mercado turístico de cenotes, grutas, rejolladas y porciones de la selva baja subcaducifolia (o monte de acuerdo a la expresión local) es selectiva, de manera que hay ciertas formaciones que pese a encontrarse en la zona turística de cenotes (Riviera Maya-Tulum-Ek Balam-Chichen Itza), y de manera específica en los municipios de Temozón, Chemax, Valladolid y Tinum, en donde se localizan los centros ecoturiscos de gran envergadura como lo son Cenote Zací, Cenote Xkekén, Cenote Samula, Cenote Ikkil, Cenote Maya y Cenote Laberintos (de próxima apertura) no han formado parte de los intereses de los empresarios, de la CDI o del algún organismo no gubernamental que promueve este tipo de actividades.
Se observa que la irrupción del turismo de naturaleza y su creciente interés por las formaciones geológicas mencionadas ha propiciado un aparente cambio en el pensamiento maya; ahora los cenotes, cuevas, rejolladas, incluido el monte, han dejado de pensarse como lugares sagrados y ahora se les visualiza también como sitios de interés mercantil, incluyendo ciertos aspectos de la vida cotidiana de los pueblos mayas provocándose el fenómeno que Fernández y Estrada (2014) han llamado “la esencialización y espectacularización de lo maya”, en la medida que se venden, que son objeto de consumo; estos elementos van desde el compartir la vida cotidiana de las familias campesinas mayas, participar en actividades agrícolas diseñadas ad hoc, la participación en proyectos de beneficencia que incluye la estancia en la comunidad de los beneficiados, participación en rituales conducido por un “sacerdote maya” (especialista ritual) o jmeena quien las empresas contratan para reproducir el ritual en hoteles o espacios verdes cercanos a sus instalaciones. Estos rituales incluyen la “limpieza corporal de energías negativas o de purificación”, lo que en las poblaciones se conoce como “santiguar” y cuyo objetivo terapéutico es expulsar del cuerpo los “malos vientos” o kʼakʼasiikoʼob.
Ahora bien, si partimos de la información que indica que para los pueblos mayas las formaciones geológicas de las que nos ocupamos poseen una significación particular en cuanto se les piensa como asiento de entidades sagradas no visibles, como los kanan sayaboʼobo cuidadores de las fuentes de agua, los “aluxes”, los yumtsiloʼobo en general, de ciertos vientos o iikʼoʼob,su incorporación al circuito del dinero nos lleva a pensar que nos encontramos en presencia de una disputa en el campo simbólico entre lo que es propio de la cultura maya y la lógica del capital o ya bien en los inminentes cambios o reconfiguraciones en los sistemas de significados y en la práctica misma de la vida cotidiana, en las relaciones políticas y en las formas de relacionarse con el medio ambiente que ha mantenido el pueblo maya peninsular, y que en algunos casos bien pueden condensarse en la expresión vertida por un campesino maya cuando sostuvo que en el monte “hay cenotes que están abandonados” y que en consecuencia, podrían ser aprovechados para la comercialización turística. Es tentador proceder a la interpretación de la anterior afirmación en tanto indicador de la presencia de un giro en la percepción que algunos miembros de los pueblos mayas tienen de los cenotes y demás formaciones geológicas; pensadas ahora como “cosas” que se encuentran en el territorio indígena sin que se obtenga “utilidad” alguna, codificada ahora en términos monetarios, relacionándolas con la actividad turística que, indudablemente no se rige por relaciones de reciprocidad, sino monetarias. La idea de utilidad vinculada a lo monetario indudablemente es totalmente diferente aquella que considera estos aspectos de la geografía como lugares con carga simbólica, que los ve como sitios habitados y bajo custodia de un kanano guardián, asiento de múltiples “vientos” o entidades-iikʼno visibles. Desde estas evidencias se piensa en el creciente desplazamiento de una racionalidad maya por la racionalidad mercantilista, o cuando menos de cambios importantes en las procesos de simbolización de ciertos elementos del territorio de los pueblos.
Lo expuesto con anterioridad debe ser entendido como expresión de probables tendencias que muestran la presencia cada vez más avasalladora del sistema de relaciones constitutivas del poder mundial del capitalismo. Lo anterior viene a bien para abordar el caso Uspibil, localidad ubicada a escasos kilómetros de los dos grandes complejos turísticos mencionados con anterioridad y dentro del área de florecimiento de los centros ecoturísticos; en esta localidad sus habitantes guardan culto a dos cruces de madera ubicadas a la orilla de un kʼoʼopen cuyo fondo se encuentra una fuente de agua o sayab de donde años atrás se abastecían los habitantes del vital líquido. Se trata de un culto, que como veremos, expresa la cosmovisión de este pueblo maya contemporáneo.

REFLEXIONES FINALES

En este complicado entramaje de atribuciones asociadas al símbolo dominante de la cruz, encontramos primero una, asociada con la matriz mesoamericana del macro y micro cosmos, conforme a la cosmovisión maya yucateca; así, en el ritual del looj, la cruz adquiere relevancia como dirección de los cuatro puntos cardinales, asociando a ellos cuatro balamoʼobocuidadores de los pueblos; al quinto balam, el tupo menor de todos, el más poderoso, se le atribuye además el carácter de kaanansayab o cuidador del manantial; una segunda atribución a la cruz (es) les confiere atributos de los santos católicos. San Lucas y su culto, es un hecho innegable de lealtad y de conexión identitaria de los uspibenses con él al kaaj o pueblo de origen.
Al hecho de que la población acuda a las cruces para realizar peticiones que se encuentran relacionadas con la salud y el bienestar familiar e individual, quizá se deba a que son nombradas como “doctores”, quizá contribuya a que sus devotos vean en ellos a seres sagrados, que los pueden auxiliar en casos de enfermedad o aflicción y de hecho, en la biografía católica sobre San Lucas, se cita que él era médico de profesión, antes de conocer a San Pablo y convertirse al cristianismo.
De esta manera, a lo largo del año, las cruces identificadas como San Lucas y San Román constantemente reciben ofrendas por parte de los pobladores de la localidad, mientras que San Isidro es atendido preferentemente por los fieles que se encuentran más cercanos a los cánones de la iglesia católica oficial.
En el tercer apartado de este documento se reflexionó en torno a la presencia del capital turístico en la zona y sobre la incorporación de cenotes, cuevas, rejolladas y el monte en el circuito mercantil intrínseco al negocio del ecoturismo, de la forma en la que ciertos elementos de la cultura maya son utilizados en esta actividad generándose lo que Fernández y otro, llaman acertadamente la “espectacularización de lo maya”, pero sobre todo, focalizando la atención en los procesos de violencia simbólica, desplazamiento o reconfiguración de las esquemas de significados propios de los pueblos mayas localiza- dos en la zona y relativos a la forma en la que estos pueblos se relacionan con su medio ambiente y con la modificación de la percepción que los lugareños tienen de los elementos de su territorio, no pensados solo como lugares sagrados habitados por diversos seres sagrados, sino también como cosas, objeto de compra-venta; alejándose de manera significativa del esquema de reciprocidad con el monte, los cenotes, las cuevas, etcétera, más o menos en el sentido que lo plantea Descola (2001:110); desde esta óptica se puede llegar a concluir que, cuando menos para el área considerada, el sistema cultural de los mayas de esta zona se encuentra en situación de sufrir un quiebre en su constitución interna.

Figura 4. La rejollada/oratorio de Uspibil y àreas verdes circundantes.

Ante este razonamiento, las prácticas religiosas del pueblo de Uspibil centradas en las cruces con las que indican el carácter sagrado de los kʼoʼopo rejolladas en la medida que en ella se encuentra el manantial que suministró agua a las primeras familias del y que además es un indicador de la vigencia de la memoria histórica de sus pobladores, permite reorientar la reflexión en el sentido de que los procesos socioculturales de los pueblos son resultado de la interacción entre lo propio y lo ajeno ( pensando en Bonfil) cuyos resultados no pueden ser fácilmente predecibles, en tanto que lo que se nos presenta como una disputa a nivel de significaciones se encuentra en proceso; muchas muestras han dado los pueblos mayas de que “…para poder seguir siendo hay que dejar de ser lo que se era…” (Bartolomé, 1996; 34).

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