La catedral de Mérida, el lugar del origen del tiempo y el universo Maya

Indalecio Cardeña Vázquez. Círculo de Estudios Humanísticos de Yucatán A.C.


INTRODUCCIÓN

Realizada en la segunda mitad del siglo XVI, sobre y con parte de los vestigios de la antigua ciudad maya Ichcansihó, la Catedral de Mérida, Yucatán, es un edificio donde se estarían entremezclando junto con los trazos y diseños renacentistas, el simbolismo cristiano de las catedrales europeas, y los dogmas y normas conciliares para la erección de tales templos, el simbolismo mítico, calendárico, cosmogónico, religioso, astronómico y matemático mayas, en diversas partes de esa construcción católica, en las que estarían representados: los días, el mes, el año, los calendarios religioso y civil, o lunar y solar respectivamente, la Rueda Calendárica, la Cuenta Corta, y lugares sagrados así como dioses de la antigua civilización maya, que harían referencia a los orígenes del tiempo y el universo, relatados en el Chilam Balam de Chumayel.
En este trabajo se pretende mostrar cómo la Catedral de Mérida, a través de varios elementos y partes de su arquitectura, podría decirse que es la representación plástica del tiempo y el mito mayas, del calendario y los dioses precolombinos, así como del inframundo y la sabiduría maya antigua, referidos en el citado documento indígena colonial.
Entre otros aspectos importantes a considerar en relación con este tema, están que la orientación de la Catedral de Mérida, presenta una desviación hacia el NE, similar a la de varias construcciones prehispánicas, y su altar principal y la fachada, muestran un azimut, que igualmente poseen diversos edificios y estructuras precolombinas del área maya. Por otra parte, y para una mejor comprensión de este tema, esta eventual alegoría arquitectónica debe ser entendida en el contexto del arte sacro colonial peninsular, y de una manera más precisa dentro del denominado arte maya cristiano.
De este modo, diversos rasgos arquitectónicos en el conjunto de su estructura, así como en la fachada, el interior y el techo, señalarían que la Catedral de Mérida es la estilización de un templo maya prehispánico, la estilización de un santuario cosmogónico, donde estarían representados: Oxlahuntiku, el lugar de los trece dioses; la tierra y, el inframundo, entendiendo a este último punto, el inframundo, en su acepción de lugar de sabiduría, de casa donde está el sol nocturno durante su paso por ahí, su punto de estancia temporal antes de renacer cada día, asomándose en el oriente, una morada que en el eventual caso de la Catedral, estaría vigilada, señalada, por dos gigantescas serpientes.
Para intentar comprender el simbolismo que la Catedral de Yucatán (Figura 1) estaría guardando, resulta necesario considerarla desde una perspectiva diacrónica, y prestarle atención a los puntos de vista de la historia, la arquitectura, la arqueología, la antropología cultural, la historia del arte y la literatura. En este enfoque interdisciplinario resulta indispensable asimismo, aplicar en determinados momentos una visión comparativa. Todo ello en conjunto, nos permitiría aproximarnos a la eventual comprensión de los posibles símbolos mayas y su significado, aparentemente contenidos en esta arquitectura catedralicia.

Figura 1. Fachada de la Catedral de Yucatán.

A mediados del siglo XIX, el escritor e historiador Justo Sierra O’Reilly, decía:
“La Catedral nos habla en un lenguaje que tal vez el entendimiento no comprende,…” (En: Bolaños Vega, 1945, p. 345),
Lo anterior es una afirmación que seguiría siendo válida hasta nuestros días.
La Catedral yucateca tiene características arquitectónicas muy propias, que ya han sido advertidas por distintos especialistas en diversos años. Así, en 1929 José García Preciat, expresaba:
“… Las portadas, especialmente las que corresponden a las naves procesionales, son pequeñas con relación al conjunto. La cúpula es chaparra… Los arbotantes de dicha cúpula,… no tienen razón de ser, pues no transmiten ningún empuje ni le sirven para nada… “Se ha dicho que las bóvedas son bajas y las columnas toscas,… Esto, en mi humilde opinión, no constituye un defecto, pues ese aspecto achaparrado y el grosor de las columnas, dan a la Catedral el sello que la distingue,…” (Op. Cit., p. 342)
Las torres catedralicias constituyen otro elemento arquitectónico, de las que igualmente se han hecho algunas observaciones, Manuel Toussaint, señalaba:
“Las torres, vistas desde el frente, a la distancia, parecen bizcas, porque sus remates ofrecen un estrabismo inexplicable.” (en: Rasmussen, et al., 2001, p. 134).
La Catedral se edificó sustancialmente en 36 años, de 1562 a 1598, bajo la égida de cuatro obispos, tres franciscanos y uno dominico. Aunque se desconocen hasta el momento los planos de este templo, se sabe los nombres de algunos de los personajes importantes en su construcción, así como las fechas de momentos relevantes en la edificación catedralicia.
El costo inicial de la obra, 24 mil pesos de minas, fue dividido por el gobernador Diego de Quijada, en tres partes, e informó al rey lo siguiente:
“… una cave a V.M. y la otra a los vezinos, y la otra a los naturales… por que los vezinos están muy pobres y necesitados, y la caja de V.M. está muy empeñada … acordé sacar de los indios su tercia parte, … y porque los indios son muchos he repartido este precio entre todos, …” (en: Bolaños Vega, 1945, p. 335)
Además, los mayas coloniales intervinieron en la edificación catedralicia como mano de obra, se sabe de 300 operarios provenientes de Umán, así como los nombres de algunos carpinteros originarios de Yucatán.
Más allá de la participación física en la construcción de la Catedral, el vínculo de este templo con la existencia maya se puede observar en la literatura colonial indígena, y es de este modo que podemos leer en los Chilam Balam diversas referencias a la Catedral.
En el llamado “Libro de los Enigmas”, del Chilam Balam de Chumayel, leemos:
“… En el Trece Chen, Eb, se pusieron los cimientos de la Iglesia Mayor, la Casa de aprender en lo oscuro, la Iglesia Mayor del cielo. … En medio está la ciudad de Hoó, Iglesia Mayor, la casa de todos, la casa del bien, la casa de la noche, que es de Dios Padre, Dios Hijo, de Dios Espíritu Santo.” (p. 88).
Otra parte de ese documento, el denominado “Libro del Mes”, aunque no menciona a la Catedral, se estaría relacionando con ella, según se verá más adelante.
A partir de la Colonia, el arte maya precolombino desapareció fundamentalmente, surgiendo una nueva expresión artística visual: el arte maya-cristiano, el cual podemos señalar como:
“…las pinturas y esculturas que realizaron los artífices mayas en las iglesias bajo la dirección de frailes inicialmente y luego de presbíteros” (Cardeña Vázquez, 2010, p.31).
Esas obras, forman parte del denominado arte indocristiano o tequitqui, que en el caso del área maya podría denominarse con toda propiedad arte maya cristiano, por constituir un estilo con características propias, justamente los rasgos del arte maya precortesiano, que lo diferencian de las demás creaciones del país.
Chikindzonot, Maxcanú, Valladolid, Mama, Teabo, Maní, Izamal, Yaxcabá y Dzidzantún, entre otros sitios, tienen extraordinarias muestras de este estilo.
Con base en este tipo de referencias históricas y documentales, señaladas aquí brevemente, se dio inicio a una observación general de la Catedral, así como a recorridos de su interior, patio y techos, midiendo los azimut de diversas partes del edificio.
De este modo se observó que la Catedral estaría presentando una desviación de 10° al NE, su fachada tendría un azimut de 280°, el altar mayor mostraría un azimut de 100°, en tanto que la parte posterior de Catedral, presenta a través de su entrada al patio, una rampa breve, de unos 30 cm aproximadamente, desde el nivel de la calle hasta el término del recibidor, una distancia de 5 m también aproximadamente. Estas orientaciones y la presencia de la rampa hacen suponer que la Catedral podría estar construida sobre algún eventual basamento prehispánico.


En el interior del templo, además de las 20 bóvedas vaídas, distribuidas a lo largo de las tres naves, la cúpula con sus 16 ventanas y la linternilla con 4, llama poderosamente la atención, es de un trazo y diseño totalmente europeos –Miguel Bretos ya ha señalado su similitud con la cúpula de la Catedral de Jaén, de hecho este investigador considera que esa Catedral española pudo haber servido de inspiración para la Catedral yucateca (Bretos, 2013, p. 111)–, pero ello no impide que lleguen a la mente las representaciones mayas coloniales de los calendarios, Haab y Tzolkin, en los Chilam Balam, el número 20 evoca los días del mes precortesiano (figura2).En el techo de la bóveda que se encuentra justamente sobre el altar, hay cinco pináculos invertidos, 4 del mismo tamaño y uno mayor que los otros, colocados cada uno en un artesón, formando 4 de ellos un rombo, con el pináculo mayor en el centro, lo que hace traer a la memoria, la idea cosmogónica maya precolombina de los cinco puntos cardinales (figura3).

Figura 4. Fachada de la Catedral de Yucatán, en la que se aprecian los 20 tragaluces y los 5 remates colocados encima de la entrada principal.

La fachada muestra varias ventanas que Miguel Bretos ha identificado como tragaluces, éstos son 20, distribuidos en 5 grupos: 2, 5, 5, 6, 2. El número 20 trae nuevamente a la memoria los días del mes maya. Sobre la entrada principal, se encuentra a los lados y encima del pequeño frontón que lo corona, cinco remates, el central está colocado a un nivel más alto, destacando sobre los otros cuatro, se ubica justamente debajo de un tragaluz, en el punto que aparenta ser el centro de la fachada. Esta cantidad y la distribución que tienen los remates, hacen pensar una vez más en los 5 puntos cosmogónicos precortesianos (figura 4).

La observación de Toussaint acerca del “estrabismo” de las torres de Catedral, sugiere, por supuesto, la presencia de un rostro en la fachada, si prescindimos de los campanarios observamos que efectivamente ahí está un rostro (figuras 5-6), pero ¿cuál? En el contexto precolombino, la cara representada en un edificio que viene a la memoria, es la del monstruo de la tierra, característica del estilo chenes, y en la fachada de la Catedral podríamos distinguirlo con la abstracción de sus dos serpientes estilizadas, una en cada uno de sus flancos. Recordemos que la estilización, la abstracción, fue conocida y practicada por los antiguos mayas, los mascarones de Chaac en el arco de Labná, son una excelente muestra de ello. En la Catedral el remate de los campanarios catedralicios sería el cascabel mostrado en chenes. Esto estaría confirmando la observación de Víctor Segovia Pinto, acerca de las serpientes representadas en los campanarios de Catedral. La parte inferior de ambos lados del marco de las dos entradas laterales, ubicadas en el frente del templo, muestra un detalle estilístico, que hace recordar otro detalle arquitectónico similar, pero de mayor tamaño, en los laterales de las fauces entrada del templo del monstruo de la tierra.

Figura 7. Vista del pasadizo ubicado en el interior de la fachada de la Catedral de Yucatán.

El acceso a los techos y los campanarios, en la parte frontal catedralicia, es a través de escaleras de caracol que se encuentran en el interior de las dos torres y los dos campanarios, resultando de este modo 4 escaleras, que traen a la memoria los accesos prehispánicos de este tipo, como el característico de Chichén Itzá. La evocación prehispánica se robustece, cuando al ascender por las torres, especialmente la norte, se va y se regresa, por oscuros y angostos pasadizos, cortos y largos, iluminados por los tragaluces de la fachada (figura7),que hacen pensar en los laberintos de Oxkintok y Yaxchilán y sus tres niveles cosmogónicos. La distribución del acceso y los tragaluces de la torre norte y el frente, sugieren asimismo tres partes, de abajo hacia arriba; en lo que podría ser el nivel intermedio, hay un pasillo donde se ubican 7 tragaluces horizontalmente, 5 de ellos son los que están encima de los 5 remates de la entrada principal. El tragaluz central tiene su contraparte en la pared posterior de ese pasillo, sólo que este último tragaluz está ubicado a un nivel más bajo y actualmente está tapiado. Cuando concluyó la construcción de la Catedral, y no había el actual coro, pudo haberse trazado una visual a través de este tragaluz, que habría finalizado en el altar mayor, específicamente en una ventana que ahí se encuentra, ahora igualmente tapiada. Esta probable visual podría corresponder a la trayectoria de un eventual haz de luz solar que se habría filtrado por los dos tragaluces, quizá a fines de agosto.

En el presente no hay comunicación interna entre las dos torres, ya que este pasillo está cerrado al término de los 7 tragaluces horizontales, formándose de este modo dos grupos, uno de 13 y otro de 7, lo que hace recordar otra vez el Chilam Balam de Chumayel:
“… Y entonces fueron a probarse los unos a otros [los días] (del mes). Y dijeron así: ‘Trece… y siete en un grupo’…” (p. 78).
A los techos de Catedral se puede acceder tanto por la parte delantera, ya señalada, como la posterior, ya que en esta última se ubican dos escaleras de caracol, externas. En el techo catedralicio se observan el edificio de la cúpula y los 20 techos semicirculares de igual número de bóvedas vaídas, cantidad evocadora ya indicada líneas arriba, del número de días del mes maya (figura 8). La cúpula y la linterna, traen a la memoria algunos edificios circulares prehispánicos, como el de Ek Balam. Una característica de la cúpula son los 4 arcos botareles o arbotantes, que se desprenden del techo de la linterna y se dirigen, cada uno, a un pináculo de los 8 que circundan la cúpula. Estos arbotantes de los que ha sido destacada una función ornamental únicamente, podrían sugerir el cuerpo de serpientes estilizadas con la cabeza puesta en el pináculo. Estos remates son de piedra, y están formados básicamente por una pirámide pequeña, o por una especie de campana, colocada sobre una o varias esferas, las cuales descansan en un soporte rectangular. Son 41 en total y se puede distinguir hasta cuatro variantes de ellos.
Las 16 ventanas de la cúpula, los 4 arbotantes dirigidos a los puntos cardinales, los 8 pináculos y las 4 ventanas de la linterna, poseen cada uno, un azimut propio. A través de todas estas ventanas el sol ilumina en diferentes momentos del año, diversos puntos del interior de la Catedral. La luna probablemente ilumina también ciertos lugares dentro del templo, pero hace falta un registro de ello.
El conjunto de los 20 techos de las bóvedas vaídas, junto con la cúpula, hacen evocar nuevamente el “Libro del Mes” del Chilam Balam de Chumayel:
“… Y se fueron en medio del cielo (los días) y se tomaron de las manos para unirse unos con otros. Y entonces se dijo en medio de la tierra: ‘¡Sean abiertos’…” (p. 78).
En la parte posterior del centro de la fachada, donde está el escudo mexicano que sustituye desde el siglo XIX, al emblema español, se encuentra una figura trapezoidal con escaleras en ambos lados, a modo de refuerzo de ese lienzo central de la fachada, que en la parte superior tiene una balaustrada.

Cada una de las escaleras tiene 21 peldaños, en la parte superior ambas escalas comparten un último escalón claramente marcado, lo que nos da un total de 43 (Figura9). Considerando la posibilidad que fuese la estilización de una pirámide con 4 escaleras, se multiplicó 21 por 4 más 1, obteniéndose 85. Pensando en la probabilidad de que esa cifra tuviera alguna relación astronómica, se multiplicó por el número de días de un período sinódico de Venus, 584, el resultado: 49,640 se dividió entre la cantidad de los días de un Ciclo de Venus, 2,920, obteniéndose 17 Ciclos de Venus, equivalentes a 136 años solares. Considerando que un Ciclo de Venus está formado por 5 períodos sinódicos, se multiplicaron los eventuales 17 Ciclos venusinos obtenidos por 5 y se obtuvo 85.

Un hecho que también llama la atención de esta escalera trapezoidal, es que tiene 21 pares de escalones, la misma cantidad de patas que tiene un ciempiés, una escolopendra. Este animal forma parte de la literatura oral yucateca, Roldán Peniche Barrera en su obra El libro de los fantasmas mayas (1992, p.86), menciona el relato del Señor Escolopendra, este ser aparece también en el número 10 de los Cantares de Dzitbalché (Barrera Vásquez, 1980, p. 99), en aparente vínculo con la serpiente de cascabel, aunque Alfredo Barrera Vásquez lo descarta, aquí podría estarse señalando ese probable vínculo con ese reptil y con Venus también.
Los pináculos (figura10) constituyen otros elementos arquitectónicos que también podrían guardar un simbolismo numérico y calendárico, ya que aparentan tener alguna semejanza estructural con los rasgos arquitectónicos de un sitio colonial temprano, donde se realiza una investigación paralela, esto es, 5 elementos reunidos en un mismo espacio, los cuales muestran un valor numérico y calendárico ya comprobado: 52 años para cada una de las 5 partes, cantidad que al ser multiplicada, da como resultado 260, el número de años de una cuenta corta. Así, considerando que cada esfera pequeña, una pirámide y una campana también pequeñas, tuvieran un valor de 52, y que el conjunto de una esfera grande con una pirámide encima, valiera igualmente 52, tenemos que la totalidad de los pináculos estaría señalando 10,244 años, cantidad inferior por 156 años a la de dos Cuentas Largas, esta última cifra es similar a 3 ruedas calendáricas. Este eventual número de años, 10,244, sería equivalente a 1,280.5 Ciclos de Venus, y a 6,402.5 períodos sinódicos venusinos, un guiño a la eternidad.
En el costado norte de Catedral se ubica la capilla del Sagrario, cuya cúpula tiene una linterna enmarcada por cuatro columnas rematadas por pináculos de una esfera con pirámide encima y uno más en el centro de la linternilla, similares a los otros. En este edificio destaca su costado norte que da a la calle 61, porque su remate está formado por tres niveles escalonados donde se observa un singular diseño que se presenta repetidamente: un rombo en medio de dos círculos. Es probable que éste sea un diseño colonial temprano hecho por los indígenas y podría estar representando a la tierra en medio del sol y la luna. Quizá el eventual origen de ello estuviera en la interpretación que los mayas coloniales habrían hecho de la Custodia del Santísimo, donde habrían visto en la hostia consagrada, grande, redonda y blanca, a la luna, y en los rayos de la custodia, al sol justamente; así, habrían sido para ellos, la luna y el sol juntos, o quizá más exactamente a la luna en el sol, no un eclipse, sino la presencia al mismo tiempo de los dos astros, pero la luna por delante. El hecho de que este diseño se encuentre en iglesias o capillas dedicadas a la Virgen María en cualquiera de sus advocaciones, o de Sagrarios, y que en el techo de la capilla del Sagrario de Catedral esté eventualmente representada una pirámide de tres cuerpos, harían pensar en la estilización de un probable templo dedicado a la luna. Recordemos que en el sincretismo maya, la Virgen María fue identificada con Ixchel, diosa femenina fundamentalmente protectora, vinculada a la luna (figura 11).

Figura 11. Costado norte de la Catedral de Yucatán, se pueden observar los tres niveles escalonados en el remate del techo.

En la parte posterior de la Catedral, están la sacristía y la sala capitular, a cuyos techos se sube por una escalera externa de caracol cubierta, y desde estos techos se asciende por otra escalera igualmente externa de caracol, también cubierta, hasta el techo del templo. La pared de esta parte trasera, espaldas del altar mayor, tiene dos ventanas octagonales y en medio de ellas, a un nivel más bajo y de menor tamaño, una ventana de arco, tapiada actualmente. Aquí cabe mencionar que el eventual haz de luz solar que habría llegado a la ventana del altar mayor, pudo haber salido por aquí, atravesando la Catedral. La apariencia de estas tres ventanas desde el interior, sería la de un rostro, como ya había sido mencionado líneas arriba, una apariencia que en el exterior, la parte posterior de este templo, queda alterada por los techos de la sacristía y la sala capitular; el eventual azimut de esta pared sería el mismo del altar mayor, 100°.
La escalera de caracol para subir a los techos de estas estancias, está cubierta por una pared cilíndrica, muestra tres tragaluces, un alargado y delgado remate piramidal, y tiene 52 escalones. El primer tragaluz se encuentra en el escalón 13, con un azimut de 145°, el segundo tragaluz en el peldaño 26 con azimut de 150°, y el tercer tragaluz en el peldaño 39 con azimut de 145° (figura12), la puerta de salida al techo tiene 280° de azimut, pero el peldaño 52 está colocado frente a la pared, ya que desde el escalón 49 o 50 se puede salir.

Figura 12. Escalera externa ubicada en patio de la Catedral de Yucatán, se puede observar la cubierta cilíndrica de la escalera, el remate puntiagudo y los tres tragaluces orientados al SE.

Las orillas norte y oriente del techo forman una “L”, y ahí están colocadas 19 almenas. Originalmente fueron 21, dos han sido eliminadas para poner en su lugar un pequeño campanario
descubierto. Contándolas desde el lado norte, la base de la “L”, hay 8, ocupando el lugar 9 está la puerta de la escalera de caracol; a partir de este punto proseguían 13 almenas más, las número 6 y 7 son las que fueron retiradas, el sitio donde estuvo la almena 7, el centro de este grupo de 13, alinea con la ventana de arco ahora tapiada, una visual desde estos dos puntos atraviesa el patio y se dirige a la entrada de la calle 58. Las cantidades 9 y 13 de las almenas, así como la colocación de la puerta de la escalera de caracol de 52 peldaños, cubierta por un cilindro con un remate puntiagudo, traen a la mente la cosmogonía y el tiempo mayas precolombinos: Bolontikú, Oxlahuntikú, Rueda Calendárica, quinta parte de una Cuenta Corta, quinta parte de una rueda de 13 katunes, serpiente de cascabel.
Por otra parte, el eventual rostro formado por las ventanas octagonales y de arco, posiblemente observado durante un breve período, tanto en el exterior de la parte posterior de la Catedral, así como en su interior, en la parte correspondiente al altar mayor, y su eventual azimut de 100°, hacen pensar en un rostro solar, en la estilización de un posible templo dedicado al sol.
Mencionemos aquí brevemente un relato de la literatura oral meridana, yucateca, contemporánea: el probable cenote de Catedral. No se cuenta hasta el momento con alguna evidencia tangible de dicho cenote, sin embargo, la presencia de un pozo en el patio de Catedral, a donde estaría llegando el pararrayos, la posible trayectoria del eventual haz de luz solar que habría atravesado Catedral, y el relato de Juan Francisco Peón Ancona acerca de la probable existencia de una gran oquedad en la parte posterior de este templo (comunicación personal), harían pensar que en ese sitio pudiera estar el legendario cenote.
Finalmente, la última escalera de caracol para llegar al techo de Catedral, desde la parte superior de la sacristía y la Sala Capitular, está formada por 38 escalones, dentro de una cubierta de forma rectangular externa, por dentro es cilíndrica, y tiene dos tragaluces. Se entra a esta escala, luego de subir 5 peldaños previos, el primer tragaluz está en el escalón 8 con un azimut de 130°, faltando 30 por ascender, número relacionado con la luna, el segundo tragaluz está en el escalón 18, con el mismo azimut de 130° faltando 20 peldaños por subir, finalmente a los 280° de azimut está el escalón 38 por donde se sale al techo. Las cantidades 18 y 20 vuelven a evocar el número de meses del año y los días del mes maya.
De este modo, al considerar todo lo anteriormente expuesto podríamos decir que la Catedral de Yucatán constituye un extraordinario ejemplo del arte maya-cristiano, y sería la estilización de un conjunto arquitectónico precolombino, de un santuario cosmogónico, que habría estado dedicado al sol, la luna y Venus. En él estarían representados trece edificios prehispánicos: un templo del monstruo terrestre, un templo del sol, un templo de la luna, una pirámide de Venus, y nueve observatorios: un templo observatorio del sol, un templo observatorio de la luna, un laberinto observatorio y seis caracoles observatorios.
En este probable conjunto arquitectónico estilizado, estarían simbolizados los tres niveles del universo maya precortesiano: el inframundo, la tierra, el cosmos, así como el lugar mítico donde surgió, nació, el tiempo, el mes, la tierra y el universo mismo.
La Catedral estaría conteniendo también un calendario, donde estarían representadas casi dos Cuentas Largas: 10, 244 años, y 1,280.5 Ciclos de Venus.
Pero ¿cómo explicar la inclusión de tantos elementos simbólicos mayas en una construcción de este tipo, ideada, dirigida y supervisada total y absolutamente por los europeos? Para ello, deberíamos considerar algunas ideas.
Primero, el diseño de la Catedral les habría brindado a los mayas coloniales la oportunidad de incorporar al nuevo y desconocido edificio que realizaban, algunas de sus ideas y conceptos míticos, mágicos y religiosos, al observar en él similitudes en algunas de sus características y rasgos arquitectónicos.
Por otra parte, está el hecho ampliamente conocido y señalado, de la participación indígena en su realización, sin embargo, aquí deben distinguirse dos puntos. 1) el reconocimiento de los mayas en la construcción catedralicia, es fundamentalmente como mano de obra, perteneciente a la población general, la cual difícilmente habría tenido todo ese conocimiento astronómico, arquitectónico, matemático, mítico, mágico y religioso, que nos estaría indicando la Catedral.
Ello nos lleva al punto 2), que nos haría pensar entonces, en alguien o algunos que sí poseían esos conocimientos, no obstante ¿cómo habrían sido transmitidas las probables instrucciones? Sin caer en alguna teoría de complot o sospechosismo, la figura de un personaje maya colonial cobraría mayor relevancia en este contexto: Gaspar Antonio Xiu, intérprete que hablaba maya, español, latín y náhuatl.
En su probanza de méritos efectuada en 1580, se asienta que fue:
“… maestro de capilla en la iglesia catedral… por ser muy buen cantor, así de canto llano como de canto de órgano, y ha enseñado a los… naturales a cantar en los oficios divinos.” (Quezada, 2010, p. 39)
La fuente precisa que Xiu:
“… es gramático y entiende la lengua latina y con ello ha enseñado a muchos hijos de caciques y principales indios que al presente sirven en la iglesia catedral y en otras.” (Op. Cit.)
La vida de Gaspar Antonio Xiu estuvo ligada primero a las autoridades mayas y posteriormente, a partir de su primera juventud, a las autoridades españolas. En 1561, cuando él habría tenido 36 años, Landa realiza el Auto de fe, en su lugar de origen ¿cuáles habrían sido sus sentimientos verdaderos ante ese hecho? Al año siguiente comenzó la construcción de la Catedral, el resto de su existencia transcurrió paralela a la edificación del templo catedralicio.
Así, Gaspar Antonio Xiu, con toda la herencia cultural familiar maya que tenía, no obstante su aprendizaje y práctica de rasgos culturales ajenos a él; con la interactuación mantenida con su sociedad de origen, y desde su privilegiada posición, pudo haber sido el puente, el enlace, entre quienes tenían ese conocimiento, o partes de ese conocimiento, incluido quizá él mismo, y los encargados de la edificación catedralicia, o con los propios constructores indígenas; en algunos momentos, él pudo haber conversado de la realización de la Catedral, y hacer sugerencias “arquitectónicas”, “ornamentales”, al Obispo en turno.

Figura 13. Fachada de la iglesia de Mejorada, en Mérida, Yucatán, con figuras geométricas, rombos.


Los mayas coloniales pudieron haber pretendido perpetuar su pensamiento, su cosmovisión, con las piedras del nuevo edificio que construían y lo habrían logrado.
El análisis de la Catedral de Mérida, nos permitiría asomarnos a la eventual comprensión de los numerosos relieves y diseños que observamos en los templos coloniales de Mérida (Figura 13),
con la apariencia de motivos ornamentales, cuando estarían guardando un profundo
simbolismo maya colonial.

Esta Catedral nos permitiría también, considerar a los edificios religiosos coloniales de Yucatán, sobre todo los del siglo XVI, como un reflejo del simbolismo, que algunos edificios precolombinos, fundamentalmente los templos, habrían tenido en la época precortesiana.
Sin embargo, esta expresión del arte maya cristiano que estaría en la Catedral de Mérida, y su eventual comprensión en otras iglesias coloniales meridanas, no se limitaría a esta ciudad capital, sino que por el contrario, estaría abriendo las puertas a la observación y análisis del inmenso caudal de este estilo artístico presente en la península de Yucatán (Figura 14).

Figura 14. Fachada de la Catedral de Yucatán (izquierda), y de la iglesia de Chikindzonot, Yucatán, ambos templos son un extraordinario ejemplo del arte maya – cristiano.


Agradezco al Centro INAH Yucatan, a la Secretaría de la Cultura y las Artes del Gobierno del Estado de Yucatán, y a la Arquidiócesis de Yucatán, las facilidades otorgadas para realizar este trabajo.

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