Consideraciones sobre el Salvamento Arqueológico, sus implicaciones sociales y su práctica

Rubén Maldonado Cárdenas, Centro INAH-Yucatán.

EL RESCATE ARQUEOLÓGICO

Esta actividad se entiende como la forma más elemental de la Arqueología; se podría pensar como una subdivisión o rama del salvamento arqueológico. Generalmente se produce cuando el daño ya está hecho y los arqueólogos solo puede recoger o rescatar lo que queda a la vista, que son los vestigios de la utilería doméstica o bienes muebles. Estos se encuentran en las poblaciones que originalmente estuvieron ocupadas por los pueblos prehispánicos. En los campos de cultivo de las poblaciones agrícolas que necesitan tierra libre para su cultivo, o bien donde se excavan canales de riego para obtener como mínimo dos cosechas al año. En estos casos, muchas veces se inicia la destrucción con maquinaria pesada en un terreno con vestigios arqueológicos, y desde luego sin ninguna autorización legal al respecto. Poco puede aportar esta clase de arqueología para la investigación de la cultura, pues si cuando hay montículos arqueológicos, éstos son arrasados hasta sus cimientos.
Como señaló a fines del siglo XX un colega: Los rescates son trabajos motivados por acontecimientos de poca magnitud, que se efectúan sin un proyecto previo, pues en la mayoría de los casos son operaciones menores y rápidas. Por lo general, los rescates se realizan durante la operación inicial o en pocas visitas al lugar, ya que el factor tiempo es de suma importancia. En esos casos la información obtenida se integra a estudios mayores de la región.

EL SALVAMENTO ARQUEOLÓGICO

El Salvamento Arqueológico debe tener como base un proyecto estructurado de la mejor manera posible. Como muchos de los proyectos arqueológicos se inicia con un reconocimiento del terreno a estudiar, cuya superficie es señalada por los interesados en m2 o en hectáreas. Es decir, tiene una superficie concreta sobre la que el arqueólogo iniciara un reconocimiento para detectar la posible existencia de vestigios arqueológicos y si se identifican se procederá entonces a hacer un levantamiento topográfico de los mismos, ya sea cuadriculando la superficie, lo cual lo conducirá en una primera instancia, a elegir en forma metódica que es lo que excavará y que es lo que no tocará.
El siguiente problema consiste en determinar el tamaño de la muestra representativa a excavar, de tal forma que sus logros sean un reflejo de la realidad. En la arqueología mexicana se maneja un 10 por ciento del total como suficiente. Recuérdese que en la arqueología de salvamento se tiene un tiempo limitado para hacerlo y otro para trabajo de gabinete que también hay que llevar a cabo. En ocasiones, si hay recursos económicos para ello, esta proporción puede variar hasta alcanzar un 25 o un 30 % máximo, pensando siempre que la cantidad los bienes inmuebles que se investiguen, no nos rebase en su estudio, ya que puede llevar a un fracaso en los resultados del proyecto. Esto es muy importante, para que la muestra obtenida sea representativa del área explorada y todo pueda llevarse a cabo en el tiempo programado, según sea la superficie mayor o menor del área trabajada.
“El objetivo de la arqueología de salvamento es la investigación y recuperación de evidencias culturales que están en peligro de destrucción por alguna obra de infraestructura, saqueo o causa natural; así como el procesamiento de los datos obtenidos. De esta manera, las funciones de tal tipo de arqueología son evaluar el impacto de la obra sobre los recursos Culturales y tratar de mitigar los daños lo más posible, hasta donde lo permita el diseño de construcción”.
Llama la atención que en la reunión sobre “La conservación de monumentos arqueológicos” de 1974, llevada a cabo en la ciudad de México por la Sociedad Mexicana de Antropología y el Instituto de investigaciones Antropológicas de la UNAM, en el apartado I en el inciso 4denominado: El arqueólogo ante las zonas de trabajo afectadas, se le dé una importancia mínima al salvamento arqueológico, al considerarlo como un campo de experimentación y estudio de la conservación.

BREVES ANTECEDENTES DEL SALVAMENTO ARQUEOLÓGICO EN MÉXICO

Los trabajos de salvamento en México se remontan a los años 1945-1947 (Presa Solís, Río Lerma) donde en Chupícuaro, Gto.se recuperaron más de 400 entierros del Preclásico con sus respectivas ofrendas. En el Rio Papaloapan (Presa Miguel Alemán) entre 1951 y 1952. En el Norte, sobre el río Grande (Presa Falcón) de 1949 a 1951 y así sucesivamente en otros ríos cuyas cuencas cerradas artificialmente dieron lugar a las primeras presas del país. Es al final de la década de los años sesentas cuando llega a su culminación esta actividad arqueológica, bajo la Dirección del Depto. de Prehistoria a cargo del Prof. José Luis Lorenzo, cuando se llevan a cabo metódicamente los trabajos de Salvamento Arqueológico en lo que serían:
“las presas del Infiernillo, La Villita y Palos altos en el río Balsas; Mal Paso y La Angostura en el río Grijalva: el Ferrocarril San Luis Potosí-Guanajuato; La Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco: Villa Olímpica; el Metro primera etapa (líneas 1-3)…de 1974 a 1997 los trabajos de salvamento formaron parte de la Dirección de Monumentos Prehispánicos. En 1977, se fundó el Departamento de Salvamento Arqueológico.

EL INFIERNILLO

En el año de 1957 se iniciaron los trabajos previos por quienes construyeron la Presa del Infiernillo. En 1961, ya empezados los trabajos de ingeniería, los arqueólogos del INAH hicieron un primer reconocimiento y en 1963 tocó a ellos hacer su tarea, es decir, el salvamento arqueológico propiamente dicho. En el lapso previo el INAH concentró toda la información necesaria como mapas, fotografía aérea de la zona de estudio, clima y geología. Los investigadores del INAH recopilaron a su vez toda la bibliografía de la zona, así como la fotografía aérea, para empezar a localizar los posibles sitios arqueológicos, desde ellas, los arqueólogos planearon los recorridos y seleccionaron los sitios a excavar. El área de embalse de la presa se ubicó en parte de los Estados de Michoacán y de Guerrero. Antes de todo eso, solo se contaba con trabajos aislados de investigaciones realizadas por numerosos viajeros.
Los sitios localizados alcanzaron un total de 104 (figura 1), que según su altura fueron considerados como I) los que quedarían definitivamente bajo el agua, II) los que fluctuarán entre ésta y la siguiente y III) los que quedarían sobre los anteriores y fueron prioritarios el I y el II para explorarse. Una subdivisión más se hizo tomando en cuenta sus categorías, que llevaron las letras mayúsculas: A, B y C, equivalentes a: los que tuvieron conjuntos ceremoniales; los que tuvieron un montículo grande y los que solo contaban con cimientos incompletos. La elección para trabajarlos se hizo considerando accesibilidad, posición geográfica y cercanía entre ellos.

Figura 1. Los 104 sitios arqueológicos reconocidos dentro de los ríos Balsas y Tepalcatepec Guerrero-Mich. (González,1978).

Finalmente se iniciaron los trabajos de excavación el 15 de enero de 1964 y se terminaron el 26 de agosto del mismo año. Los sitios trabajados fueron 19 (figura 2) y se excavaron 120 estructuras. Los montículos se exploraron con calas sencillas o cruzadas que en ocasiones se ampliaron para obtener la mayor cantidad de datos sobre ellos.
Desde luego el material obtenido durante las excavaciones fue abundante y variado. La cerámica que predominó fue la de vasijas sencillas de uso doméstico, que representaron alrededor de un 90 % en cuanto a las decoradas fueron el 10 % del total (figura 3), lo que se reflejaría en su estudio, mismo que quedó inconcluso, ya que se pretendió con una metodología especial, estudiar en conjunto todos los sitios, lo cual no se pudo concretar a pesar del esfuerzo realizado para hacerlo.

Figura 2. La muestra de los 19 sitios explorados con la simbología de los entierros y de su clase de ofrendas (Maldonado, 1980).

Respecto a los entierros y ofrendas la información registrada, igualmente copiosa, fue muy rica, pero en 1970 los restos de esos entierros ya no existían. La explicación dada fue que debido al mal estado en que se habían encontrado y la acidez extrema de los suelos donde se inhumaron estos se destruyeron. Solo quedaron las hojas de registro de ellos y algunos planos que los relacionaban con los cuartos y plataformas donde se les enterró. Sin embargo, se conservaron las ofrendas y el registro fotográfico, lo que ayudó bastante al estudio posterior. En muchos de esos entierros se encontraron ofrendas. Un ejemplo de éstos es el de B68, asociado a dos vasijas de alabastro (figura 4).
Para el estudio de los entierros y sus ofrendas, fue necesario diseñar una nueva hoja de entierro (figuras 5 y 6) para vaciar los datos de las viejas hojas de registro archivadas en el Depto. de Prehistoria, donde se resguardaba toda esa información, al igual que los bienes muebles que acompañaban a los entierros. Los objetos de cobre (figura 7) por ejemplo, fueron de lo más significativos, formando dos grupos de sitios, los que tenían cobre (7) y los que carecían de él (12), ya que en el occidente de México hay presencia temprana del metal desde 700 d. C., según fecha de C14.

Figuras 5 y 6. Hoja de entirro (anverso y reverso) creada para el vaciado de los datos de los entierros y obfrendas del infiernillo. Utilizada para elestudio de gabinete. Depto. de Prehistoría del INAH.

Las paletas de pintura elaboradas de piedra verde también son muy características y únicas en esta región (figura 8). Varios autores las han asociado con la tradición de las paletas de pintura de la cultura Hohokam, del Suroeste de los Estados Unidos.

LA VILLA OLÍMPICA

En 1966 se comenzó á buscar el terreno adecuado para la construcción de la Villa Olímpica, para este se escogió un área muy próxima a la Universidad Autónoma de México, donde un conjunto de edificios nuevos albergaría a los atletas que venían a la celebración de los XIX Juegos Olímpicos que se realizaron en la ciudad de México en el año de 1968.
Se trataba de un parte amplia de terreno despejado anteriormente por los canteros, que durante muchos años explotaron la piedra de una gruesa capa basáltica producto de la erupción del Xitle (300 a.C.), que dejó al descubierto una parte de lo que fue Cuicuilco, el antiguo sitio prehispánico del Preclásico, que abandonaron sus habitantes a causa de esa erupción. Esta zona pasó a ser para la Arqueología Cuicuilco “B”, para diferenciarla de la “A” que formó el núcleo principal del sitio donde se asienta el edificio circular sin construcciones modernas.
Por lo mismo, se hizo necesario hacer en forma inmediata un salvamento arqueológico que permitiera obtener más información arqueológica sobre el Cuicuilco prehispánico del Preclásico.
Varios montículos arqueológicos eran visibles a simple vista, otros emergían en parte de la lava volcánica que los cubrió (figura 9), pues para ese momento solo quedaba una amplia pared frontal de la cantera. Quienes dirigieron esos trabajos escogieron los montículos arqueológicos a explorarse (figura10). Entre otras cosas ahí se encontraron numerosos pozos troncocónicos, con ofrendas y entierros propios del Preclásico (figuras 11 y 12).

Después pasó la maquinaria pesada (figura 13) para dejar llano el terreno e iniciar el proyecto habitacional. Dos o tres estructuras fueron consolidadas para dejar una muestra in situ de esas antiguas construcciones.

Figura 9. Calas exploratorias alternadas sobre un montículo arqueológico de Cuicuilco, e n parte cubierto por la capa basáltica del Xitle.
Figura 10. Cala central de exploración para encontrar la base de una estructura.
Figura 11. Exploración de una tumba troncocónica con ajuar funerario en Cuicuilco.
Figura 12. Cuicuilco. Hallazgo de un entierro flexionado en pozo troncocónico, del que se delimita su base circular.
Figura 13. Maquinaría mecánica pesada destruyendo montículos arqueológicos de Cuicuilco.

LA ANGOSTURA, CHIAPAS

Hacia la mitad del año de 1970, se inició el reconocimiento del área de embalse que cubrirían las aguas del río Grijalva, con la construcción de la Presa de la Angostura. La Sección de Salvamento del Patrimonio Cultural, que dependía del Depto. de Prehistoria del INAH, fue la encargada de llevar a cabo esa tarea. En este caso el financiamiento estuvo a cargo de la Comisión Federal de Electricidad (CFE). En el área se localizaron 179 sitios arqueológicos que mayor paren su mayoría serían cubiertos por las aguas del gran río. La cerámica recolectada en la zona mostraba una continuidad a partir de 1500 a.C. hasta la llegada de los conquistadores.
La temporada de excavación se inició hacia la mitad del año siguiente (1971) con una segunda fase en octubre de ese mismo año. La Fundación Arqueológica del Nuevo Mundo colaboró directamente en los primeros dos meses de trabajo, dados sus conocimientos sobre la Arqueología de Chiapas, publicados en una amplia serie editada por la misma Fundación, en la cual fungía como Director de campo en ese tiempo el Dr. Gareth W. Lowe Lee.
El enfoque arqueológico fue de región, más que de sitio, pues los 170 sitios encontrados en la Cuenca del río Grijalva se prestaban a ello. Es Fue en este salvamento donde por primera vez participaron con los arqueólogos compañeros de otras especialidades, adscritos al Depto. de Prehistoria, como paleólogos, biólogos y edafólogos, que contribuyeron con su conocimiento a enriquecer la información del área de estudio.
“Para iniciar los trabajos de arqueología se estableció el campamento principal en el poblado de Chachi, municipio de Venustiano Carranza, para trasladarlo después a Vega del Paso, ambos pueblos de escasos atractivos, pero muy bien situados dentro de la región programada. En sus alrededores y a corta distancia estaba situada la mayor parte de los sitios arqueológicos escogidos”.

Figura 14. La Angostura. Sitio de Vega del Paso con pirámide y estructura adjunta. Son claras sus calas de exploración paralelas que atraviesan los montículos.

Tal fue el caso del sitio Angostura 23 (A23) prácticamente pegado a Vega del Paso donde se trabajó en el año de 1972 Ahí se exploró un Juego de Pelota grande, así como una plataforma de mediana altura (Estructura 4), con una cala en cruz, a la que cruzaron otras calas menores que prácticamente la rebanaron. Esta presentaba piedra de recubrimiento en sus lados. Se exploró igualmente una pirámide alta (figura 14) con una plataforma adjunta (Estructuras. 5 y 5A), igualmente se atravesó una plaza con una cala de exploración que traspasó los dos montículos opuestos y de la cala principal se desprendieron otras calas exploratorias para llegar a los montículos que por un lado cerraban la plaza.
En 1972 en otro sitio llamado “La Poblazón”, de tamaño similar al anterior (A46), la Estructura 4 una pirámide mayor, fue atravesada con dos calas en cruz (figura 15) que mostraron los cuerpos escalonados del edificio y en su parte superior una cista saqueada que tuvo piedra de recubrimiento (figura 16) Otra ofrenda más con los restos mortuorios prácticamente hechos polvo, se encontró en la parte inferior de este edificio (figura 17).

Según el Director del proyecto, tres sitios sobresalieron en importancia por sus materiales: El Vergel, Acapulco y San Mateo por su antigüedad y su sencilla y desarrollada arquitectura. Amplias y grandes estructuras arquitectónicas caracterizaron a dos de ellos En el Vergel y San Mateo se excavaron dos juegos de pelota, cada uno con un marcador circular de piedra. Entre otros sitios explorados estuvieron los Ángeles Chachi, el sitio más grande explorado en esta primera etapa, que resultó ser un verdadero centro urbano.
Finca vieja y la Pedrera fueron otros sitios interesantes, situado el último sobre la cima de un gran escarpado. Se puede afirmar en general que en el posclásico sitios nuevos se asentaron en las laderas de la cuenca, pues ya no encontraron lugar para asentarse cerca del río Grijalva, ni pudieron aprovechar las tierras de aluvión próximas al río .
Sin embargo, en la tercera etapa (3/4) de salvamento arqueológico en la Angostura se exploró el sitio más imponente y grande de todos: Laguna Francesa, (A64) con una gran Acrópolis en su zona central (figura 18), juego de pelota y rodeada de múltiples edificios, que pudieron llegar a ser hasta 200 montículos, según las seis categorías establecidas para ello. La mayor parte de los entierros se encontraron en fosas y en ollas. Solo se registró una tumba. El florecimiento del sitio fue en el Clásico Tardío.

Figura 18. Plano de Laguna Francesa (A64), uno de los sitios más importantes de la Presa de la Angostura Chis. (Con Uribe, 1981)

EL METRO. PRIMERAS LÍNEAS 1, 2 Y 3

La primera fase de la construcción del Metro de la ciudad de México se inició el 19 de julio de 1967 y llego al 10 de junio de 1972 (figura 19). En esa primera etapa tuvimos la oportunidad de participar en los trabajos de salvamento arqueológico llevados a cabo durante esos años, siempre como parte del Depto. de Prehistoria del INAH.

Figura 19. Plano de las primeras tres líneas trabajadas por el Sistema de Transporte colectivo STC para la ciudad de México.

Figura 20.Edificio mexica semidestruido por maquinaria pesada, que delimitó la Plaza Hundida por el lado Este.

“Los trabajos efectuados durante la construcción del Sistema de Transporte Colectivo (Metro), en la ciudad de México, aportaron una enorme cantidad de material cerámico. Para dar una idea precisa de esto; basta decir que solo de tiestos de la época colonial, existen aproximadamente 15.4 toneladas. El examen y clasificación de ellos, nos llevaron a establecer 3 grandes grupos, los que a continuación presentamos:

1) Cerámica con técnica prehispánica.
2) Cerámica colonial
3) Cerámica de importación.
a) Porcelana oriental.
Uno de los hallazgos más sorprendentes e inesperados fue el de un patio hundido, con cuartos a sus lados que dejaron ver la parte de lo debió de ser un centro ceremonial (figura 20), al avanzar las máquinas de los ingenieros encargados de la construcción en el cruce de las esquina de las calles de José María Izazaga y Pino Suárez, hoy Estación Pino Suárez del Metro. En la zona central de ese patio hundido se encontraban unos adoratorios superpuestos, el último de los cuales de forma circular se halló perfectamente bien conservado. Los templos circulares casi siempre estuvieron dedicados a Ehecatl-Quetzalcoatl, dios del Viento.
Desafortunadamente el hallazgo tuvo lugar a la media noche, por lo mismo, la máquina destruyó gran parte del altar superior con una gigantesca “mordida” (figuras 21 y 22). A partir de ese incidente hubo doble turno de arqueólogos de día y de noche, para evitar que se repitiera esa clase de hechos, que ocurrieron cerca del zócalo, parte central de la ciudad de México.

Figura 21. Estructura circular al centro de la plaza hundida semidestruída por la maquinaría pesada de una de las compañías contratadas por el STC, en el cruze de las líneas 1 y 2 del Metro.

Figura 22. Adoratorio circular superpuesto sobre otros cinco adoratorios. El más Inferior fue dedicado a Tlaloc.
Figura 23. Deidad de Ehecatl Ozomatli encontrada frente a la estructura circular. En este caso se trata de un mono con la máscara bucal del dios del viento.

Se pudo inferir por la forma circular de la construcción y su ofrenda encontrada al pie de la escalera, rota en varias partes, que se trataba de un templo dedicado al Dios del Viento. Restaurada la estructura, se vio su verdadera altura que fue de 63 cms. que fue tallada en andesita, como figura de un mono con máscara bucal del Dios del viento, en este caso un Ehecatl-Ozomatli (figura 23), de gran calidad artística. Su cabeza de mono se transforma en calavera. Entre los mexicas hubo una relación estrecha entre el Ozomatli y la noche.

La escultura tuvo policromía. El cuerpo negro corresponde al de los dioses nocturnos; parte de la cara y las orejas en rojo, color que se le asocia con el Sol. Aunque la escultura azteca se caracteriza por su fuerza expresiva, esta escultura es de apariencia delicada. Es posible que esta figura provenga del templo donde los mexicas guardaban a los dioses tomados a los pueblos vencidos y los guardaban como tales, según lo narran las fuentes. Entre las seis estructuras prehispánicas que se exploraron del grupo de adoratorios superpuestos de la Plaza hundida merece la atención por sus características arquitectónicas, el último sobrepuesto que fue dedicado al dios del viento, correspondiente al adoratorio 6, que forma parte de este conjunto (L1). El otro adoratorio circular (L2) está situado sobre una plataforma rectangular y se orienta al Oeste. La ofrenda encontrada al pie de este último, casi a ras del piso, permite identificarlo como dedicado a Tlaloc, el dios del agua y de la lluvia. El frente de sus alfardas está adornado con glifos calendáricos. En el último edificio mencionado, una ofrenda estaba colocada en una caja de piedra, hecho común entre los mexicas, debajo del piso del patio hundido, midió ésta 39 cm de altura, 36 de anchura y 40 de largo. Sus paredes tienen 5 cm de ancho y restos de color azul claro. La ofrenda se componía de tres vasijas, dos caracoles grandes pintados de color azul oscuro con franjas negras y cuatro menores, todos en el interior de una vasija relacionadas con el agua. Dentro de otra de ellas se encontraron 10 cuentas de mineral (Scarn) y una mayor decorada con estrías. Las vasijas, al parecer teotihuacanas, fueron reusadas para la ofrenda, lo que ocurría con frecuencia entre los mexicas, sobre todo si éstas eran tomadas de la ciudad de los dioses (Teotihuacan). Solo una de las ollas aparentemente estaba vacía, porque quizá tuvo algún material perecedero . El Arqlgo. Francisco González Rul, a raíz del descubrimiento del patio hundido, afirmó que este debió de ser el lugar donde sucedió el primer encuentro de Cortés y Moctezuma. El Arqlgo. hace una rectificación histórica en la que él mismo creía y que algunas fuentes (Cortés y Díaz del Castillo) señalan como el Hospital de Jesús, lugar donde fue el encuentro . Finalmente, en cuanto a esta plaza hundida, se encontró un basurero mexica por su lado Norte (figura 24) donde sobresalían los restos de grandes braceros y abundantes huesos largos al parecer de mamíferos, que por su delgadez parecieran haber sido de animales.

Después de esta síntesis sobre lo que han sido algunos de los salvamentos más importantes queremos terminar este trabajo por donde tal vez debimos haberlo empezado, es decir, cuestionándonos lo que hacemos y el porqué de ello. Planteándonos algunas preguntas sobre lo que hacemos como arqueólogos y que consideramos importantes, las cuales son primero: ¿Qué salvamos y para qué? ¿Para el Estado? ¿Para la iniciativa privada? ¿Para el pueblo? ¿Cuál es o cuales son las respuestas? Una forma de abordar el problema es recurrir al aspecto legal:
“En el derecho público contemporáneo, nacional e Internacional, se define el Patrimonio cultural como el conjunto de los bienes que para cada estado y de acuerdo a su legislación tienen valor histórico o artístico relevante (Consejo Internacional de Museos: 17). Este concepto ha sustituido al qué, todavía se conserva en México, de monumentos arqueológicos históricos y artísticos, que ante la jurisprudencia sigue teniendo validez, por imperativos de orden constitucional y toda vez que en el régimen del estado de derecho es indispensable precisar el ámbito de aplicación de las leyes que protegen los bienes culturales de interés público y esta precisión solo se logra dejando con toda claridad el concepto de los monumentos .

¿QUÉ SALVAMOS Y PARA QUÉ?

Desde luego, lo que menos se salva son los vestigios arqueológicos, mismos que en forma rigurosa se destruyen en la mayor parte de los casos, así se trate de un buen proyecto de investigación bien plantado, con alcances de mayor o menor dimensión. Tal es el caso de la ciudad de Mérida, que ha crecido en forma desordenada, anárquica podemos agregar. Generalmente en el caso de las ciudades, esta clase de intervenciones se hace para crear nuevas unidades o fraccionamientos para la construcción de viviendas para su comercialización y venta, en las que participa de forma importante la iniciativa privada, que se llevará las ganancias resultado de su inversión. En el caso de Mérida y desde luego del Estado siguen siendo vigentes las fosas sépticas que inciden fuertemente en la contaminación del agua del subsuelo.
En el caso de los nuevos fraccionamientos eso se agrava por el cambio del uso del suelo, la desaparición del bosque bajo caducifoleo propio de esta zona, que contribuye a aumentar las temperaturas cada año y la erosión de la tierra para la agricultura, que cada día es más pobre en el Estado. Por otra parte la contaminación del subsuelo es cada día mayor. Es decir, estamos colaborando activamente para destruir el medio ambiente que habitamos y a nadie parece importarle. Ante todo esto, la destrucción de los sitios arqueológicos en aras de propiciar “el desarrollo” o el “progreso” se minimiza sin que importe la desaparición del patrimonio cultural e histórico de la Nación y la humanidad. Así, las autoridades correspondientes no asumen su verdadero papel, que entre otras cosas, es cuidar la conservación de la salud de la población y su pasado, origen de su nacionalidad.

¿PARA EL ESTADO?

En nuestro país por ser el Estado quién patrocina y regula la arqueología, la pregunta resulta obvia, tenemos una arqueología de Estado. Así, los arqueólogos del INAH en el mejor de los casos, deben participar previamente en los trazos de las nuevas carreteras, en las nuevas vías de los ferrocarriles nacionales, de los gasoductos, en los terrenos donde se pondrán las nuevas refinerías; en las cuencas de los grandes ríos donde se construirán las presas, etc. con el fin de reconocer esos tramos por donde pasaran esas nuevas afectaciones al patrimonio arqueológico e informar cuantos sitios arqueológicos serán afectados, así como insistir en la modificación de esas líneas en las partes donde se encuentren sitios importantes.
El caso más reciente en Yucatán fue el Proyecto del Tren Bala que después cambio de nombre ante la falta de recursos necesarios para el financiamiento de éste. Los arqueólogos del INAH comenzaron a hacer sus reconocimientos en la línea de paso del dicho tren que conectaría los estados de Yucatán y Quintana Roo. Exactamente, ¿Qué pasó? Se repitió lo anterior. ¿Falta de planeación o de recursos? Pocos lo saben, muchos lo ignoran. La llamada Ley de transparencia solo existe en el papel. En el sexenio pasado recordamos el de la refinería de Tula Hgo., donde ocurrió lo mismo. Los arqueólogos comenzaron su trabajo, se gastaron los recursos en todo ello, lo cual seguramente fue el mínimo, comparado con la cantidad programada para todo el proyecto, lo cual hasta donde se sabe nunca se terminó.

¿PARA EL PUEBLO?

Este apartado es significativo en cuanto a las implicaciones sociales que tienen los salvamentos arqueológicos para los habitantes, sobre todo en las orillas de esos grandes ríos. Los grandes proyectos arqueológicos de salvamento supuestamente deben de beneficiar a la población de una manera u otra. Las obras donde se hacen las grandes presas inciden de manera muy fuerte sobre las poblaciones que habitan esas áreas (Figuras. 25 y 26), ya que en la mayoría de esos casos se trata de poblaciones que por muchas generaciones han nacido, vivido y finalizan su vida en el mismo lugar. Generalmente se les dan nuevas zonas para vivir en las partes más altas de las cuencas de los grandes ríos donde se sitúan las presas mismas que difícilmente serán tan fértiles para la agricultura como lo son las vegas de los ríos, que con la llegada de las lluvias hacen crecer el nivel de las aguas de las corrientes de esos ríos y al pasar esa temporada están llenas de nutrientes que enriquecen el suelo, que se presta para el mejor crecimiento de cualquier producto que se coseche ahí. Todas esas poblaciones que un día estuvieron a la vera de esos ríos, se encuentran ahora bajo las aguas de esas obras de infraestructura hidráulica.

Figura 24. Basurero mexica con abundantes huesos de animales con restos cerámicos mayores a un lado del patio hundido.

Figura25. La escuela del pueblo de Vega del Paso quedó abandonada para siempre. No más enseñanza, nunca más alumnos ni gente.

Figura 26. Vega del Paso. Su población emigró hacia la zona alta superior que no sería afectada por las aguas de la presa.

CONCLUSIONES

¿Cuáles fueron los resultados de estos grandes salvamentos? Los objetivos de los salvamentos fueron logrados por el sistema gubernamental, en el caso de las presas: De los salvamentos tratados aquí, el que se hizo sobre la cuenca del Balsas, dio origen a La Central hidroeléctrica El Infiernillo y la del Grijalva en la Presa de la Angostura. En el caso de la red del sistema de transporte colectivo STC Metro, este se logró sus diferentes líneas. En el caso Cuicuilco quedaron las unidades habitacionales que albergaron a los atletas que llegaron de países diferentes para los juegos olímpicos de 1968, las que posteriormente fueron para las familias mexicanas que tuvieron la oportunidad de adquirirlas.
En cuanto a los alcances académicos de los salvamentos arqueológicos los resultados fueron magros. Cuatro tesis publicadas del Infiernillo por pasantes de la ENAH y algunos artículos sueltos, además de otro libro de una profesional (Müller, 1979). En la presa de la Angostura dos tesis obtenidas y algunos artículos elaborados por el jefe del proyecto; En el caso de la red de transporte colectivo una tesis más, en este caso de cerámica Colonial (López Cervantes, 1976), y unos artículos sueltos. En Cuicuilco los materiales quedaron dispersos entre los tres investigadores que encabezaron el proyecto en el campo y hasta donde se sabe no trascendieron esos resultados académicos.
Lo anterior nos lleva a una evaluación de esa situación, dada la problemática presentada: Los recursos económicos no fueron suficientes para lograr resultados óptimos de los materiales obtenidos, si aceptamos que lo mínimo de ello debió de ser de un 10 % por ciento y hasta un 20%. En la ENAH como estudiantes se enseñaba que la proporción entre campo y gabinete debía de ser de 1 a 3, un mes para el campo por tres para el gabinete. Lo cual nunca se lograba precisamente por la falta de los recursos para el estudio de los mismos. Las autoridades nacionales aportaban solo los dineros para el campo y nada más. Los pocos trabajos académicos que se lograron fueron porque los arqueólogos contaban con una plaza de tiempo completo dentro del INAH que les permitía el tiempo para investigar, sin dejar su trabajo diario de rutina, ante la destrucción cotidiana del patrimonio arqueológico, en favor del desarrollo del país.
Al momento actual puede decirse que la situación no ha cambiado, pues es necesario crear más plazas para poder atender mejor las necesidades de la Arqueología Nacional y al interior de la Institución urge una reestructuración que le permita obtener los recursos necesarios, para investigar y producir mejores resultados en todas las actividades que realiza. De otra manera la situación de precariedad podría esgrimirse en contra de la Institución que por más de 70 años ha velado por la conservación de lo que ahora constituye una fuente abundante de ingresos para nuestro país.

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