Territorio, organización y aprendizaje entre los jmeeno’ob de Quintana Roo

Fidencio Briceño Chel, Centro INAH-Yucatán

INTRODUCCIÓN

Entre los mayas de Quintana Roo es común escuchar que cuando necesitan de los servicios de un jmeen recurran generalmente al mismo o a los mismos que fueron conocidos y empleados por sus antepasados, uno pensaría que esa es la razón principal, sin embargo los motivos para esta elección no son solamente los de la propia gente sino también los de los mismos jmeeno’ob.
En este trabajo presentaré algunos argumentos que muestran que la elección de la gente tiene que ver con los territo-rios de cada jmeen, así como con las necesidades de los milperos o los pobladores; asimismo señalaré algunas de las formas de aprendizaje de los jmeeno’ob y de esta manera distinguir la “escuela” de la que provienen y el papel o los papeles que pueden desempeñar y así saber qué tipo de ceremonias puede realizar y qué servicios puede ofrecer cada uno de ellos a la comunidad o a “su territorio”, lo cual los hace elegibles para realizar determinados trabajos. Empezaré entonces esta presentación tipificando las características de los jmeeno’ob.

LAS CARACTERÍSTICAS DE UN JMEEN

Una primera pregunta obligatoria en este trabajo es ¿si un individuo puede entregar directamente sus ofrendas a los Yumtsi-lo’ob , porqué es necesaria la presencia o intervención de un jmeen en determinadas ceremonias? La gente responde inmedia-tamente que porque los individuos solo entregan la ofrenda y muchas veces no saben rezar ni cómo entregar la ofrenda, por lo que tienen que recurrir al menos a los rezadores para que puedan comunicar en su lenguaje a los Yumtsilo’ob los deseos o nece-sidades de los jlu’umkabo’ob ; pero los jmeeno’ob no solo hacen esto, sino, simplemente serían rezadores o en su defecto jts’a saka’ o jts’a uk’ul , o sea “entregador de bebida”. Los jmeeno’ob no son solo eso, por el contrario, “son especialistas del éxtasis, un estado de gracia que les permite desplazarse libremente más allá del mundo ordinario –allende la propia muerte- para en-frentar directamente a los dioses, los demonios, los antepasados y otros seres invisibles pero poderosos” (Freidel, D.; L. Schele y J. Parker 1999: 29).
Los jmeeno’ob tienen que saber muchas cosas: rezar (en maya antiguo), conocer las hierbas, conocer el monte, estu-diar el cielo, saber hablarle a los dioses , saber interpretar las señales de los dioses, pero sobre todo tener “el don”, “la birtu’” o el reconocimiento de los Yumtsilo’ob para mediar con ellos, porque si un simple mortal lo intenta se enferma, se vuelve loco y se puede morir. Se dice que por eso algunos jmeeno’ob no son “normales”, se comportan de una manera distinta a la de todos los demás, se vuelven huraños, montaraces y a veces hasta parecen desequilibrados mentales.
¿Pero cómo se llega a ser jmeen? Primero tiene que ser elegido por los mismos dioses, se le envía señales mediante los iik’o’ob o mediante sueños, lo cual los va transformando y es cuando empiezan a tener actitudes distintas a la de los demás individuos; en su etapa juvenil se vuelven enfermizos y a veces cuando los atiende un jmeen es cuando se descubre su vocación o elección para el papel de jmeen.

Con los datos obtenidos de la gente y de los propios jmeeno’ob, identificamos al menos 4 variables para llegar a ser jmeen:

a) por influencia familiar, tradición que se hereda generalmente de abuelo a nieto(s)
b) encuentro con algo sagrado: señal, sáastun
c) por sueños que a veces se relacionan con el inciso anterior
d) llevados al kúuchil yumtsilo’ob (lugar de los dioses) o a uláak’ tu’ux (otro lugar, otro territorio, otro mundo).

A) APRENDIZAJE POR INFLUENCIA FAMILIAR

Quienes adquieren los conocimientos por este medio generalmente empiezan como ayudantes de sus abuelos, poco a poco van conociendo las hierbas, aprenden a colocar el altar, a entregar las ofrendas y a dirigirse a los Yumtsilo’ob, hasta que empiezan por sí solos a realizar ceremonias. Sus parientes los van encauzando hasta que los Yumtsilo’ob los reconocen y los aceptan en-tregándoles su sáastun , por lo general sus parientes o maestros les dejan alguna de sus pertenencias para protegerlo de los k’aak’as iik’o’ob y ayudarlo en su relación con los Yumtsilo’ob. Dichas pertenencias pueden ser una cruz, una piedra sáastun, un ídolo, una figura, una vara o algo que su antecesor hubiera usado en sus ceremonias. Es por esto que se puede decir que sí hay transmisión de conocimientos por esta vía. Las genealogías de algunos de los jmeeno’ob entrevistados muestran este hecho en Quintana Roo.

B) ENCUENTRO CON ALGO SAGRADO

Cuando alguien ya ha sido seleccionado por los Yumtsilo’ob para ser jmeen, ellos mismos se encargan de ponerle a su alcance algunas señales para irlo encaminando, como por ejemplo el encuentro con los iik’o’ob, con alguna piedra que camina y persigue al individuo, con piedras de luz (sáastun) que se le aparecen en su camino (tu beel) . Estos hechos se presentan en sitios conside-rados sagrados: entradas a cuevas, a cenotes, al pie de un cerro, sobre caminos antiguos poco concurridos o en partes especia-les dentro del monte, es decir en ciertos sitios que pueden ser considerados como “puntos de poder” en este “paisaje sagrado” (cfr. Schele, L. y D. Freidel 1999: 73-74).
Después de que el individuo haya visto alguno de los objetos de este tipo, es perseguido hasta que finalmente lo recoge y empieza entonces a sufrir trastornos que ameritan su revisión por un jmeen o por un curandero, quien finalmente puede in-formarle de este hecho. Se dice que es difícil negarse a aceptar este rol, pues significa el rechazo a los Yumtsilo’ob y a sus desig-nios, quienes a cambio de la negativa piden muchas cosas, de tal forma que la persona puede llegar a enfermarse tanto hasta perder la vida o quedar enfermizo, mudo, ciego o loco, de tal manera que vive en un mundo diferente , en el que ya no se pue-de comunicar con los jlu’umkabo’ob a fin de no dar a conocer lo ocurrido, de revelar sus conocimientos y si lo hace, difícilmente se le llega a creer por su condición de “enfermo” .
Una vez aceptado el objeto sagrado, el individuo se tiene que poner a las órdenes de un jmeen quien lo irá encauzando con la ayuda de los Yumtsilo’ob que ya no dejarán de presentarse ante dicha persona hasta verlo convertido en uno más de sus intermediarios en la tierra.

C) CONTACTO POR SUEÑOS

Otro de los medios por los cuales los mayas tienen contacto con lo sagrado es por los sueños. En ellos el elegido ve lugares sa-grados, objetos sagrados y por este medio es transportado a territorios que los Yumtsilo’ob quieren que visite; si deciden hacer-lo, en dicho lugar se le presenta algún Yumtsil o alguno de los iik’o’ob que le manifiesta el porqué de dichos sueños, le dicen qué debe de hacer y con quién debe continuar con su aprendizaje, pero siempre visitado por dichos seres en los sueños.
Se dice que los sitios sagrados comúnmente soñados pueden ser cerros, piedras, caminos antiguos, cenotes o entradas de cuevas, zonas especiales del monte, donde el elegido puede tener también contacto con su sáastun. Otros comentan que mediante los sueños se puede ver el pueblo de los Yumtsilo’ob, donde todo es perfecto y cada Yumtsil en forma de persona cum-ple con su trabajo, y de esta manera es como los seres humanos aprenden a realizar sus ceremonias, pues los Yumtsilo’ob las realizan todo el día.
Uno de los entrevistados manifestó haber soñado a su abuelo que había sido jmeen y que él le indicó dónde había un tesoro, al ir en busca de ello encontró un sáastun y una vara y a través de eso empezó a tener contacto con los Yumtsilo’ob quie-nes le enseñaron a curar y a hacer sus ceremonias.

D) LLEVADOS AL PUEBLO DE LOS YUMTSILO’OB

Se comenta que algunas personas antes de ser jmeen desaparecieron de su pueblo durante cierto tiempo, se cree que durante esa desaparición fueron llevados al pueblo de los Yumtsilo’ob , pues hay gente que ha visto como los mosones levantan cosas y en algunas de esas veces han desaparecido personas que luego regresan pero con personalidad distinta y con actitudes nunca antes vistas, como el ir constantemente al monte o incluso irse a vivir a la milpa o a su rancho. Al paso del tiempo estas personas empiezan a realizar labores de hierbatero y se les ve haciendo ofrendas como entrega de saka’ en su milpa, en su casa y en otros lugares, hasta declararse curandero o jmeen. Generalmente éstos no se forman con otros jmeeno’ob, su sabiduría o po-der se empieza a manifestar en cuanto realizan labores de curación difíciles o en cuanto sus ceremonias como el ch’a’ cháak dan resultado de inmediato.
Algunos jmeeno’ob creen firmemente en la existencia del kúuchil yumtsilo’ob o lugar de los dioses, en donde se lleva a los elegidos; este sitio, según dicen, no está aquí en la tierra, está en otro lugar (uláak’ tu’ux) situado al oriente. Cuando los Yumtsilo’ob creen que ha aprendido lo suficiente lo regresan a la tierra, dejándolo libre en algún camino antiguo, cerca de un cenote, de una cueva, junto a un cerro o a veces a la entrada de su pueblo.
En el kúuchil yumtsilo’ob o kaajal yumtsilo’ob (pueblo de los dioses) viven antiguos jmeeno’ob que están siendo forma-dos como báalamo’ob y son quienes vienen a la tierra a proteger a los humanos, éstos aparecen en sitios también considerados sagrados.

LOS DISTINTOS JMEENO’OB

Por otro lado, nadie acepta directamente la idea de la existencia de “escuelas” para jmeeno’ob, pero sí que hay ciertas zonas donde se trabaja de una manera y otras donde los conocimientos son “mejores” que en otros pueblos, es por eso que a veces se acude a los grandes jmeeno’ob para aprender más sobre hierbas, sobre la relación con los Yumtsilo’ob y para aprender a com-prender a “los señores” y transmitir sus designios a los jlu’umkabo’ob. Sólo quienes llegan a compenetrarse con todos los Yumtsilo’ob y la naturaleza logran ser grandes profetas, pues llegan a entender perfectamente las señales y así pueden alcanzar a ser grandes curanderos y enfrentarse cara a cara con los k’aak’as iik’o’ob y el kisin . Esta es la línea peligrosa donde se pue-de pasar del lado de los Yumtsilo’ob al lado de los k’aak’as iik’o’ob, pues con el poder que uno llega a adquirir puede empezar a cambiar los designios para cada gente y dado que eso se hace con ayuda de los k’aak’as iik’o’ob, se les tiene que pagar esos favores, por lo que el jmeen, ahora convertido en pul yaaj o pul ya’aj (aventador/lanzador de dolor) se va entregando a los ma-los y a veces es muy triste su fin, pues muere en manos de la maldad.
De acuerdo con las formas para llegar a ser jmeen, hay 2 líneas que muestran los modelos de cómo acceder al conocimiento, una representada en la forma 1 y que es muy común para Yucatán y Campeche y la 2 que muestra dos variantes, la A que es una forma frecuente en la gente de Quintana Roo que migró del sur de Yucatán y la B que es la forma característica del Centro de Quintana Roo.
No todos los jmeeno’ob llegan a ser pul yaaj, las gráficas solamente intentan mostrar que ese es un paso que se puede dar, asimismo parece ser que hay otras formas de cómo llegar a ser pul yaaj, pero que los jmeeno’ob y la gente no saben explicar. Sobre esto, Villa Rojas apunta que “en ocasiones el cizin (kisin) hace pactos con los hombres, dotándolos de poderes extraordinarios a cambio de sus almas. Es así como adquieren su habilidad y conocimientos los hechiceros, toreros, prestidigitadores y demás gente que hace cosas de magia” (Villa Rojas 1985: 185), sobre lo que la gente y los jmeeno’ob solo comentan de que “eso dicen”.

U KAAJAL JMEENO’OB: EL PUEBLO DE LOS “HACEDORES”

Tratando de explicar territorialmente los modelos presentados líneas atrás, se puede señalar que el caso 1 se ejemplifica clara-mente con algunos jmeeno’ob que migraron de poblaciones del sur de Yucatán hacia la frontera con Quintana Roo. El caso 2A también se encuentra con gente que tiene sus orígenes en Yucatán o que aprendió de sus abuelos nacidos en Yucatán. El caso 2B es bastante común en la zona maya macehual, donde los rezadores pasan a ser “entregadores de ofrendas” y luego finalizan sus conocimientos como jmeen.
Un caso particular es el de un reconocido curandero y jmeen de Chunhuhub que tiene cerca de 90 años. Nació en una población del sur de Yucatán de donde migró hacia Quintana Roo, pero nunca dejó de visitar su pueblo ni su región. Comenta que en su juventud fue torero –uno de los oficios relacionados con el mal-, pero después se alejó de eso y empezó a organizar la fies-ta de su pueblo, con misas, corridas, vaquería y todo lo acostumbrado en las fiestas de los pueblos yucatecos. Señala que su devoción es tanta que desde hace más de 60 años realiza la fiesta de su pueblo así como la de otros pueblos del sur de Yucatán.
En esta zona es muy reconocido y es el jmeen principal sobre quien recae la realización del ch’a’ cháak, dice que solo descansa los martes y viernes y todos los demás días hace ceremonias, ya sea en casas particulares, milpas, terrenos, ranchos y otros pueblos. Además es hierbatero, lee las cartas, saca la suerte y cura –según él- con la ayuda de dios, los santos, las vírge-nes y los Yumtsilo’ob, a quienes “baja” por la mañana entregándoles su saanto uk’ul o un vaso de agua con albahaca para que lo ayuden y lo cuiden y los “sube” o regresa a su lugar de origen en la noche, dándoles nuevamente sus alimentos para que se retiren a descansar .
Para este jmeen no hay delimitación del territorio, por lo que ha ido a trabajar a países lejanos como Italia, Honduras y Guatemala, así como a otros estados de la república como Colima, Querétaro, México, Puebla, Morelos, Chiapas y Campeche, pero él deja entrever su territorio en poblaciones del Sur de Yucatán y lugares que se encuentran entre Chunhubub y esta parte del estado de Yucatán. Los pueblos yucatecos que él menciona son: Tixmeuac, Chacsinkín, Ticul, Maní, Teabo, Chumayel, Tzuca-cab, Peto, Oxkutzcab, Tekax y poblaciones menores (Ver mapa 1).
De Quintana Roo mencionó poblaciones como Santa Rosa, Dziuché, La Presumida, Santa Gertrudis, Morelos, San Diego, Gavila-nes, Pedro Moreno, Panderas, Divorciados, Presidente Juárez, Ramonal, Santa Lucía, Dzulá, Laguna Kaná, Chunhuhub, Tulum, Bacalar, Chetumal y Laguna Guerrero (Ver mapa 2).
Otros lugares donde eventualmente ha ido a trabajar son Mérida, Valladolid, Tizimín, Cancún y Cozumel, pero los pue-blos de la zona sur de Yucatán y la parte colindante con Quintana Roo son los que siempre visita ya sea para trabajar, para reali-zar la fiesta o nada más para visitar a los santos.
Algo característico de este jmeen es que su altar está lleno de imágenes de los santos patrones y vírgenes de los pueblos a los que ha ido a visitar, a trabajar o donde realiza las fiestas. Entre las imágenes que tiene en su altar están: San Miguel Arcán-gel, San Pedro, San Pablo, San Juan, San Bernardino, San Antonio de Padua, San Martín de Porres, San Francisco de Asís, Los Tres Reyes Magos, La Santa Cruz, varios Cristos y el Sagrado Corazón de Jesús, entre los más conocidos. Asimismo tiene imáge-nes de vírgenes como La Virgen de Guadalupe, de Asunción, de Concepción, de Candelaria, del Carmen, La Virgen María, la de Chuiná y la de la Estrella entre otras.
La delimitación del territorio de los jmeeno’ob es diversa, pero algo que tal vez influye en la elección de su territorio es el evitar lugares donde haya pulya’ajo’ob. Hay excepciones como el jmeen Don Cristino que tuvo como maestro a un jmeen de Yalcobá, quien le enseñó un tipo de oraciones con las cuales se protege, por eso, dice que él puede ir a cualquier comunidad don-de lo llamen a trabajar. Asimismo todos aceptan que ningún jmeen puede prohibir la entrada de otro a su territorio.
Entre los jmeeno’ob de un mismo pueblo, como en X-pichil, no hay delimitaciones muy claras, pero sí nos dimos cuenta de que la gente de esta comunidad es la que con base al prestigio que tenga cada uno de ellos los llama para hacer determinados trabajos. De alguna forma es la gente quien delimita el territorio de estos jmeeno’ob. El prestigio tiene que ver con sus antece-dentes, por ejemplo si sus ascendientes fueron jmeeno’ob y si fueron buenos. El caso particular de Nazario, un aprendiz de jmeen, es interesante, pues el estar aprendiendo los conocimientos de jmeen y ser un curandero reconocido, lo hacen obtener más prestigio al interior de la comunidad; por el contrario hay la creencia entre los jmeeno’ob de X-pichil que uno de ellos, Don Crescencio, no sale del pueblo para trabajar desde que se murió su maestro, pues era uno de sus protectores.
Por lo tanto, al menos en este grupo de jmeeno’ob, se puede decir que el prestigio es un factor relevante en la delimi-tación dentro y fuera de la comunidad. Lo es también el reconocimiento de sus buenos trabajos, es decir en la realización de ceremonias, curas y demás actividades rituales que puedan tener resultados positivos y convincentes.
Los antiguos jmeeno’ob hablan de tres regiones que en tiempos pasados estaban muy vinculadas debido a que algunos de ellos acostumbraban reunirse para intercambiar experiencias y fortalecer sus conocimientos, las sedes eran: Kantunilkín, Valladolid y Tizimín. Según lo comentado por el jmeen de Bacalar, éstos se acabaron entre ellos por andar en busca de superarse entre sí.

NOTAS FINALES

Estos son algunos de los hechos y datos que se nos ha permitido conocer y de esta manera dar testimonio de la plenitud de re-cursos y de la adaptabilidad de la cultura maya ante un mundo difícil y cambiante, seguramente habrá muchos conocimientos que aún no logramos conocer ni entender, pues los “abuelos” o “nojoches” que son depositarios del conocimiento maya dicen que “ma’ k’uchuk u yorai k a’ik tuláaka ba’a yaan k a’iki’” (No ha llegado el momento de decir todo cuanto tenemos que decir) y aseguran que los ancestros de los mayas actuales se encuentran ocultos en algún lugar del oriente esperando el momento de volver a sus tierras para retomar su antigua grandeza (cfr. Villa Rojas 1987: 445) y entonces se abrirán nuevamente los antiguos caminos para llevarnos a los pueblos y sitios sagrados que han de resurgir.
Para los mayas, el mundo tiene vida y está imbuido de una sacralidad concentrada en puntos especiales (Schele y Freidel 1999: 74), como las cuevas, los cenotes, los cerros, las zonas arqueológicas, los antiguos adoratorios, los caminos antiguos, que impo-nen respeto pues ahí reposan los antiguos mayas acompañados de los Yumtsilo’ob y los Yuum iik’o’ob.
La concepción actual de los mayas mantiene la idea de que toda ciudad, todo kaaj, kajtal o kajtalil se halla en el centro del universo y que “la construcción no ha sido posible sino mediante la absolución del espacio y el tiempo profanos y la instaura-ción del espacio y del tiempo sagrados. En ese sentido, la ciudad o el territorio habitado es siempre una imago mundi, una ima-gen del mundo” (cfr. González 1989, cit. en: De la Garza 1997: 135).
Esta concepción religiosa del cosmos fundamentó la vida íntegra de los mayas desde el período clásico. Todas las obras excepcionales que han quedado de ellos nos hablan de una gran cultura que tuvo como eje el vínculo de los hombres con lo sa-grado (De la Garza 1997: 138).
Y como lo ha anotado Thompson (1984: 206) la religión actual de los mayas es una amalgama del antiguo paganismo con las manifestaciones exteriores del cristianismo, han llevado a su altar a los santos de la Iglesia católica romana pero se in-teresan poco en el fundador del cristianismo; la crucifixión significa poco para ellos, en cambio la cruz desempeña un papel im-portantísimo en sus prácticas religiosas; también podemos asentar que en su vida diaria son los Yumtsilo’ob, los Yum iik’o’ob y los báalamo’ob los dioses que ayudan y protegen al pueblo y los que lleva la gente maya en su mente y en su corazón y son los primeros a quienes se recurre.
Hoy los jmeeno’ob mayas hacen modelos del mundo natural con ramas y hojas verdes que colocan en medio de las mil-pas o de los pueblos, a la entrada de las cuevas, de los cenotes, al pie de los cerros o a la entrada de las casas o de los pueblos, los antiguos puntos de poder, pero también sacralizan nuevos territorios, nuevos espacios sagrados por un día o por el tiempo que dura la ceremonia, los ejemplos más claros son las canchas, las terrazas o los espacios comunales dentro del kaaj que sirven para criar a sus dioses, remarcar su territorio y mantener viva su cultura.

Leave a Replay

Más Artículos

Síguenos en Facebook

Sitios de interés

Adquiere nuestra colección de libros sobre los simposios anteriores

En las instalaciones del INAH Yucatán, en el área de Arqueología.